jueves, 1 de enero de 2026

GEA


 

Quítate el vestido Gea,

bebamos en la copa del silencio.

Los astros dormitan su noche eterna

y nadie nos verá deslizar

entre brillos de luna y gotas de rocío.

Tus cabellos se estremecen al soplo de mi aliento tibio,

tupida maraña de ramas y árboles

que te hacen ver tan bella.

Amada, mis dedos imaginarios acarician sin prisa

tu piel tan largamente deseada.

 

Gea, tan mía y a la vez tan distante

no te atreves a cruzar la franja delgada del horizonte,

titubeas y permaneces sin palabras

dejando mi cielo destrozado,

sin luz para los recuerdos.

 

Gea, no me olvides, volveré cuando menos lo pienses.

Soy quizás una marejada de viento inoportuno

que detuvo el camino  en su afán de acariciarte,

susurrar que sin ti no soy nada:

tal vez una lágrima vagabunda,

un reflejo de un sueño que anhela tus labios,

un deseo vehemente que busca la cima de tu cáliz

para fundirme en ti y nacer una y otra  vez

en un sempiterno abrazo.

 

Gea, mi bien amada Gea,

serena y delicada flor entre  tantas constelaciones.

Selene aparece vestida de blanco

y anuncia mi retirada.

Adiós cariño, me sumo en el mar de la distancia

soy el eterno viajero,

una sombra enamorada de un imposible.

 

Un destello  en el cristal de tus ojos.                                 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

LA MUJER ARAÑA


 

Le decían la mujer araña, pero la verdad es que no se parecía en nada a la “Spider Woman”, porque era fea, gorda y pesada de caer mal por su tozudez, además, tenía pelos hasta donde no debía, una chasca de cabellos rebeldes y abundantes, los ojos negros y saltones, colmillos largos y dientes centrales amarillos y gastados. Además tenía  uñas largas y  engarfiadas que daban miedo y, lo más importante, era solitaria como las arañas.

 Lo curioso es por qué le decían la mujer araña, aparte de todo, era que al crecer, tenía algo especial para atraer a los hombres: un sexapil increíble, cocinaba que era una maravilla, una delicia. Y todo el que probaba sus platillos quedaba embobado, prendido a sus encantos culinarios. Lo que espantaba  toda esa hostilidad en  contra de su persona, con el aroma quedaba olvidado en el presente. Cuando el sabor de sus platillos te trastornaba, caías en una especie de hipnotismo y entonces la veías como una maravilla; todo en ella era especial, su mirada, sus labios carnosos y pintados de un color rojo radiante te cegaban y  en ese instante ella tomaba tu mano y  te guiaba hasta el comedor en dónde humeaba ese plato que te dejaba ensimismado. Su voz  parecía angelical, en fin, al terminar la merienda pagabas y salías de su casa como si tuvieras alas, prometiendo que volverías al día siguiente.

Los que no se desplomaban en sus redes culinarias, se mofaban de los que caían en sus brazos y en su comedor. Claro que muy por dentro envidiaban a los que frecuentaban su aromática invitación, también quisieran probar esos bocadillos, solo que el miedo y la cobardía  los hacía vociferar en su contra,  aumentando  sus defectos físicos.

La verdad  de todo era que esta mujer había sufrido de un hechizo cuando era muy joven, una bruja le había borrado la belleza de su rostro por ser la hija  de  un hombre que ella amó y no lo pudo tener, por tal motivo se vengó en la hija. Lo único que no pudo quitarle a la niña fue su arte por la cocina, por más que  inventó hechizo tras hechizo no pudo quitarle ese don, pero se quedó satisfecha por arruinarle el físico.  La niña creció y todos se burlaban de ella, cosa que le agrietó el carácter y su fealdad la asustaba hasta de mirarse en el espejo. Sin embargo le encantaba la cocina y  así ayudaba a sus padres, preparando guisos para vender a sus clientes. Muy   de vez en cuando la veías, porque ella vivía  en la cocina, envuelta en el aroma de sus meriendas. Si por obligación debía salir de compras, todo el mundo se la quedaba  mirando y murmuraban sobre su aspecto físico, muchas risitas y  palabrotas quedaban a su paso, sobre todo de las mujeres.

Pero la fatalidad la dejó sola por la pérdida de sus padres ya muy ancianos, y entonces no tuvo más remedio que  ella misma atender su comedor. Fue así que comenzó a preparar sus platos preferidos que el solo aroma de ellos atraía a los comensales hasta su negocio.

Ya no le importaron los chismes de sus vecinas, normalmente eran los hombres los que la visitaban a la hora de comida. Los comentarios malignos decían que  como era una araña, tejía una red invisible para atraer a los hombres a su comedor.

Tanto fue la envidia del barrio, que se hizo popular, y  sin querer, un día un hombre forastero, pasó por allí atraído por el aroma de sus platillos y entró como ciego a su comedor, fue amor a primera vista, bueno, una vez que hubo terminado su menú, ya no pudo resistirse al encanto de esa mujer desconocida para él, que le entró por la boca,   por su lengua,  su estómago y su corazón. La mujer araña no podía creer cuando después de unos meses el forastero le pidió matrimonio y por primera vez  sintió el sabor de un beso, ardiente y prometedor, que solo en sus sueños había deseado.

Lo más sorprendente fue que el halo del amor rompió el hechizo  de la bruja y al mirarse en el espejo esa mañana, vio a una hermosa mujer que la miraba desde el otro lado. Se tocó la cara, su peinado,  sus ojos resplandecían y una sonrisa  apareció para no irse nunca más de su rostro. No podía creer que por fin el amor la sacaba de esa maldición tal injusta. Se casó con el hombre de su vida y continuó cocinando solo para él. Igual siguió la envidia en el barrio, ahora por la suerte que tuvo al cambiar su desdicha por felicidad.

 

lunes, 1 de diciembre de 2025

ALGO ESPERA

 

El viento golpea los cristales entumecidos con uñas breves.

Rasguña con leve a alevosía los contornos  de la  indiferencia,

sin que nadie se apresure a dejarle entrar.

Hay un abismante silencio después del soplo del Cauro,

como si  el universo cerrara la boca

por una  endémica pausa y los astros atónitos

bajaran la vista a tan expectante momento.

 

El hombre en su sábana lanza un suspiro,

un leve rumor  invade la somnolencia

y desata los cabellos del sueño aún en acción.

El viento susurra empañando la ventana con  aliento gélido,

tiene sus labios junto al umbral de la noche

y  suplica que lo dejen  permanecer allí.

Quiere despertar con su frío beso al viejo pescador que yace en silencio.

La  penumbra  envuelve la estancia como una madre,

no permitirá que  los sollozos del Cauro despierten la armonía

y desaten la sensación del ruido,  como un rugir de mal agüero.

 

Pequeñas luciérnagas iluminan la  soledad y los árboles con sus cuerpos

 desnudos, bajan  sus temores al vientre de la Tierra

resguardando  el tesoro de la sobrevivencia hasta  nuevo aviso de  primavera.

El viento recoge su poncho de espuma no necesita permanecer

hasta que  amanezca el día, debe empujar la barca antes del alba

meterse en las  gélidas aguas del océano en busca del alimento

que el hombre recogerá en sus redes.

 

Alguien espera a la vuelta de la inmensidad

el beso del viento al tocar las crestas de sal, pero su llamado ha sido en vano,

el pescador ha enfilado rumbo a las estrellas,

lleva en su barca imaginaria un cardumen de peces plateados,

mientras el viento lanza un sollozo de soledad,

guarda sus alas fantasmales y se hunde en los brazos de las olas.

 

 

 

 


sábado, 15 de noviembre de 2025

EL HOMBRE DE PLÁSTICO

 

Erase una vez un hombre que se creía normal, a pesar de que era un fanático de la comida chatarra, hasta que descubrió algo que lo hizo entrar en pánico. Esa mañana al lavarse la cara, notó algo como si su rostro se estuviera despellejando, una fina película de la supuesta piel se deslizó suave entre sus dedos. ¿Qué es esto?, se dijo. ¿Será tal vez que después del sol del verano mi piel tostada se está cambiando? No le dio mucha importancia y salió a hacer sus compras como siempre. Compró un hermoso pescado para la comida y unas hortalizas para la ensalada. Hoy voy a comer comida real, pensó.

Al llegar a casa se dispuso a limpiar su pescado con un cuchillo bien filudo. Le sorprendió que la piel del pescado no tuviera la misma consistencia normal, sino que, parecía una piel plastificada que costó para romperla, pero eso tampoco le llamó mucho la atención, sólo una mueca de duda nada más y la idea de que el pez se alimentó de puro plástico, pero la desechó por ridícula.

Por más que le puso aliños el pescado sabía a neumático, un sabor profundo a petróleo. Uy que raro, se dijo, este pescado no tiene sabor, está con gusto a nada, luego le pareció que las ensaladas por más que las trituraba con sus muelas, éstas crujían, y al sacar un pedazo de lechuga le pareció un trozo de nylon. ¡Huácala!, hoy he fracasado con mi comida, está horrible, no sé dónde plantaron está lechuga que parecen cualquier cosa menos lechuga. Desalentado, fue hacia su sillón favorito y se sentó a ver tv y abrió un paquete de papas fritas, y comenzó a devorarlas. Pero allí, se fijó en sus manos, se notaban muy despellejadas y al pasarse los dedos por la cara, trozos de una fina película se desprendieron de sus mejillas con facilidad. El Hombre espantado pensó que había adquirido una rara enfermedad y llamó a su médico para que lo atendiera de urgencia, pero éste le dio hora para el otro día.

Desesperado el hombre se recostó y trató de llorar, pero sus ojos permanecieron secos, ni una sola lágrima asomó al lagrimal, trató de sonarse, nada, quiso correr a la cocina y sus piernas se doblaron por la mitad y quedó en medio del pasillo, luchando por aferrarse a una puerta ya que no podía avanzar. Pronto sus brazos se doblaron como un trozo de tela, sin derramar una gota de sangre, trató de gritar y su garganta emitió un ruido como cuando alguien rasga un trozo de papel y allí quedó sin movimiento.

Al día siguiente llegó la señora que hacía el aseo y encontró un trozo de plástico en el suelo, con la forma de un bolsón. Umm, esto me puede servir para echar la basura se dijo y lo colocó dentro de un tiesto en la cocina. Luego, vio los trozos sin comer del pescado y la verdura. Ah, exclamó, esta juventud come pura comida chatarra y cuando tiene comida de verdad ni la toca.  Debe de tener el estómago lleno de plástico, con tanta basura,  comida de dudosa procedencia. Y luego la señora siguió haciendo el aseo, mientras el hombre con el cuerpo plastificado observaba con sus ojos plásticos de pánico, como se iba llenando de porquerías y basura su cuerpo de bolsa.

 

 

 


sábado, 1 de noviembre de 2025

EMBRIAGADOS

 

Ebrios de vino y besos

cruzamos el jardín del edén,

esa noche de luna estrellada

brindamos por lo que no podíamos alcanzar.

Los sueños  se fueron en el viento

mecidos por un vaivén  de risas y  alientos de uvas.

 Brindamos por  Baco

y su corte residencial.

Luego, de tantos brindis perdidos,

la chicha fue un deleite, llenó de aroma

increíble  su celestial dulzor.

Toda la tarde,

por la mesa desfilaban con su mejor repertorio

haciendo gala y honor los consagrados

y los jóvenes aspirantes:

Cabernet de Sauvignon,  Chardonnay

Ultra Premium, tintos, blancos.

Importados, con alcohol, orgánicos.

Pinot noir, Merlot,

Carménere, una variedad de uvas y vasijas,

de copas, vasos y jarras.

 Hechizados de aromas, degustábamos

bajo el parrón, el asado en el otro extremo,

nos hizo entrar en juicio.

Dioniso nos  entretenía con su loco frenesí

e invitamos a  su padre,

a todos los dioses mencionados al azar

y pasó la tarde, se llenó de estrellas

el ancho cielo,

Nos dijimos muchas cosas, bulliciosas y románticas,

tristes, y divertidas.

De improviso, enmudeció la música

y el ceremonioso último brindis

nos despertó con alboroto.

Embriagados de miel y uvas

nos dijimos adiós tantas veces,

 tantas,… cuando ya amanecía.

 


miércoles, 15 de octubre de 2025

EL RUIDO


 

De nuevo el golpe,  no sé de dónde viene, no es fuerte pero lo escucho y no me puedo concentrar. Hay veces que percibo  una música. Trato de calmarme de que puede ser la gente que vive en el otro departamento de está casona. No debo quejarme,  el problema es que  me gusta el silencio, puedo escribir con más tranquilidad, sin embargo ese golpe me asusta, desconcierta, no es de un martillo que alguien esté haciendo alguna reparación, no, es algo monótono como una gota de agua, que cae después de una  pausa, y hace ola en mi oído, multiplica su cadencia.

He notado que los otros inquilinos me esquivan,  nunca se cruzan en mi camino, es como si esperaran a que me vaya o entre a mi departamento para ellos hacer sus movidas, muy extraño. Claro que no me preocupa, desde que vivo aquí, hace cuatro meses que no me incomoda no hacer amistades en el sitio en donde vivo, así es mejor, mi propósito fue encontrar este departamento en un área casi deshabitada con muchos árboles alrededor. El autobús me deja a cuadra y media y puedo caminar sintiendo el beso de la brisa y el ondular de las ramas en señal de saludo. Normalmente si llego de tarde, veo luces en los otros departamentos, un poco de música y murmullos, es todo lo que escucho cuando abro la mampara.

Sin embargo, desde hace unos días que cuando me preparo para descansar, comienza ese ruido que no me deja concentrarme, es algo monótono, no puedo localizarlo ni descubrir que es. Lamentablemente no estoy aquí durante el día, estoy trabajando con mis alumnos y  me olvido esperando que  ya no continúe.

Como hoy llegué un poco temprano, veré de dónde viene ese ruido o si ya se acabó, pondré  mucha atención. Me llamó la atención que en los otros departamentos no hay bullicio, está todo en silencio y son  las siete de la tarde, es muy  sorprendente.

Hay un sótano en esta casona, nunca he bajado, dicen que  abajo está  la lavandería. La verdad es que yo no la uso, pues llevo mi ropa a casa de mi hermana y allí la lavo. Bueno, bajaré a inspeccionar. La luz es muy tenue, no sé cómo  hacen los otros para ver mejor. La escala tiene un descanso y da una vuelta. Puedo ver las lavadoras y secadoras en un costado. Por lo que se ve nadie las está ocupando. Ah, ya veo, hay un lavaplatos  bajo mi  cuarto, supongo, y tiene una gotera. Después de apretar muy bien la llave, diviso otros cuartos cerrados, pero no me gusta estar aquí es muy lúgubre, así que me vuelvo a mi  departamento. Me imagino que ya  han llegado algunos de mis vecinos pues se escucha música, me iré a descansar.

A las dos de la madrugada me he despertado con ese ruido, primero que nada yo cerré esa gotera, y lo otro es que me extraña sentirla  como si fuera en mi piso, me levanté mal humorada, y revisé todo  pero aquí no es, y  no sé cómo se escucha tan fuerte, si estoy en el piso de arriba, no debería escuchar nada.

No me  atrevo a salir de mi habitación, trataré de relajarme y dormir con unos algodones en mis oídos. Hoy voy a ir a conversar con el agente corredor de propiedades y mencionarle eso del ruido, sobre todo en las noches.

La secretaria me dijo que le dará mi reclamo  al jefe que no se encontraba en ese momento y yo no podía esperarlo,  mencionó que tal vez mande a alguien a ver eso.

Me fui más tranquila a mi trabajo, cuando llegué a la casona había sonido de música y un murmullo como de una colmena de abejas, pero del otro ruido nada. me acosté y me dormí muy rápido, pero desperté a media noche por otra clase de sonido, era como de un compresor. Prendí la luz y mi pieza lucía diferente, casi me desmayo de la impresión,  el cuarto era como la sala de un hospital, me  apreté con fuerza el brazo para despertarme, tal vez estaba en  una pesadilla. Sin embargo,  todo seguía igual, sentí que mi cuerpo pesaba mucho y apenas me pude mover, todavía sigo en el sueño pensé, ¿qué me está pasando?

En ese instante entró una enfermera al ver la luz encendida, yo la miré extrañada y ella trató de calmarme, me aseguró sorprendida que  hacía un tiempo que me hallaba en coma por un accidente y que era un milagro que despertara. Me quedé atónita, pero yo… la casona… calma, calma ya recuperará la memoria, lo importante es que  despertó… ¿Y, el ruido?, le pregunté con temor.   Ah, ¿eso?, es el compresor que administra  oxigeno al paciente del otro cuarto,  contestó sin inmutarse por mi estado de ansiedad.

 

 

 

miércoles, 1 de octubre de 2025

A CONTRALUZ


 

Quien mendiga una mano en medio de la tempestad,

noche,

y se haya naufrago a  la deriva sin nada que lo cobije

vive a contraluz, en soledad, sin calor, ausente de amigos.

Bajo los displicentes faroles están las huellas hollando memorias

y el tiempo las cubre con misericordiosa sombra.

 

Se queda el grito apagado y sin ruido pidiéndole al cielo la mano negada,

la palabra no dicha, el abrazo no dado,

huérfano, escondido entre cuatro paredes, suplica, gime

en soledad terrible.

 

No hay nadie a su lado, el vacío lo rodea, es como estar

en medio del pantano, circundado de ojos siniestros,

sin más luz que la curiosa mirada de la luna.

Tiembla el cuerpo, se dispara el pensamiento,

abres los ojos y no ves nada, gritas y la voz

se pierde tras un piar de pájaros, sigue el ruido

del agua y rápido se aleja.

 

Un halo inquisitorio revuelve tus ideas, asoman  miedos

ancestrales, alejan todo contacto humano,

entonces huyes, el temor es más fuerte

y te escondes en el rincón del desamparo,

apagas tu relación con el tiempo, te quedas taciturno,

sumido en algún lugar del cosmos.

 

Esta postura es desastrosa, hay que buscar la salida,

encuentrar el eslabón y llegar a su principio,

rescatar el pensamiento obnubilando por lugares perdidos.

Sendas donde crecen  obstáculos interfiriendo

toda reconciliación con el presente.

 

El espejo tiene una mirada retrospectiva,

muestra lo que no quieres ver, lo dejado en una curva

insidiosa del destino.

No es tarde,

las manos siguen en el aire a punto de  encontrarse,

abre los ojos a la realidad,  deja de vivir a contraluz,

hay un espacio  esperando, palabras

esparcidas,  dejadas sin escuchar  reclamos,

un sinnúmero de circunstancias esperan tu regreso.

 

Despierta, mírate en el dintel del nuevo día,

abraza la frescura del alba y con nuevos bríos

da un paso adelante, en un prometedor camino.