jueves, 1 de enero de 2026

GEA


 

Quítate el vestido Gea,

bebamos en la copa del silencio.

Los astros dormitan su noche eterna

y nadie nos verá deslizar

entre brillos de luna y gotas de rocío.

Tus cabellos se estremecen al soplo de mi aliento tibio,

tupida maraña de ramas y árboles

que te hacen ver tan bella.

Amada, mis dedos imaginarios acarician sin prisa

tu piel tan largamente deseada.

 

Gea, tan mía y a la vez tan distante

no te atreves a cruzar la franja delgada del horizonte,

titubeas y permaneces sin palabras

dejando mi cielo destrozado,

sin luz para los recuerdos.

 

Gea, no me olvides, volveré cuando menos lo pienses.

Soy quizás una marejada de viento inoportuno

que detuvo el camino  en su afán de acariciarte,

susurrar que sin ti no soy nada:

tal vez una lágrima vagabunda,

un reflejo de un sueño que anhela tus labios,

un deseo vehemente que busca la cima de tu cáliz

para fundirme en ti y nacer una y otra  vez

en un sempiterno abrazo.

 

Gea, mi bien amada Gea,

serena y delicada flor entre  tantas constelaciones.

Selene aparece vestida de blanco

y anuncia mi retirada.

Adiós cariño, me sumo en el mar de la distancia

soy el eterno viajero,

una sombra enamorada de un imposible.

 

Un destello  en el cristal de tus ojos.                                 

 

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