domingo, 1 de febrero de 2026

DECIR TE AMO


 


Mírame,

estoy a punto de decir: te amo.

En la boca se desliza la silueta de un beso

y en mis manos la suavidad del tacto

prende la piel en una hoguera.

Mírame con esa mirada,  deshiela  inviernos,

desnuda los árboles, haz llorar el cielo.

 

 Tus ojos,

encendiendo  flamas en la oquedad de la noche,

tienen mi corazón prendido a tus palabras.

Paso a paso hemos recibido el mensaje,

en el alba y al cenit voy hilvanando las sílabas

adecuadas y formar la palabra “te amo”.

 

Y pienso,

cómo decir,  te  correspondo,

en cada abrazo, en cada beso,

en la mirada emotiva, siempre hay ternura

al pronunciar tu nombre.

No temas, bien mío,  estoy aquí

esperando el abrazo, el susurro que volverá

el rubor a mis mejillas.

 

Decir: te amo, en lo rutinario del día

en la  tibieza de la noche,

en el abrazo, el roce,

en el susurro y el beso enternecido,

es parte primordial en nuestro camino

y en todo nuestro cuerpo hay un te amo, hilvanado a la piel,

escapando de  los labios en un instante sempiterno.

 

Cada día con su noche todo mi ser te dice, te amo.

Es un lento caminar  que nos  ata

a las rudas piedras del sendero,

mas, estando juntos,  se hace más fácil la jornada

aferrados el uno al otro, al mismo destino.

 

Bien mío,

una mirada de tus ojos enamorados

sosiega inquietudes del mañana.

Eres como un bálsamo  de infinita ternura,

acallas con  calma los absurdos de la vida.

 

Mírame amor,

estoy a punto de decir: te amo,

decir, eres más allá de lo posible,

la razón de mi existencia en este mundo.

 

 

jueves, 15 de enero de 2026

¿QUÉ PASÓ CON EL TIEMPO?


 

El  TIEMPO existía marcando el paso en el espacio sideral. Cumplía con su mandato, y era implacable  con su calendario. Todo el universo le tenía mucho respeto, y nadie se atrevía a desafiar su rutina. Sin embargo, en un planeta de color azul, casi desaparecido del ojo cósmico, había un mundo con seres muy inquietos, muy estudiosos y tenaces, se le puso entre cejas y ceja construir un aparato enorme para  hacer algunas pruebas. Se llamaban científicos y  usaban las leyes de la física, matemáticas cuánticas, misteriosas ecuaciones como dogmas intocables.  Lo situaron lejos, entre las montañas, alejado del ojo humano. Allí construyeron ese monstruoso artefacto.

Después de discutir largos momentos  le pusieron la sigla CERN y lo ubicaron  en túneles  bajo toneladas de piedras, roca, acero y silencio. Pocos sabían de su existencia, de las leyes Invisibles que manejan la Realidad.

Trabajaron arduamente, noche y día. Esos seres humanoides estaban empecinados en descubrir un secreto, peligroso para su pequeño planeta, pero no midieron las consecuencias, pensaron que ellos eran tan sorprendentes con un coeficiente intelectual  más alto que otros de su  misma especie, nada  malo podría suceder que no remediaran de antemano. Por lo que siguieron adelante junto a sus colosales maquinarias  ensambladas para sus ambiciosos descubrimientos.

Entregados totalmente a sus estudios, un día levantaron los ojos de las pantallas con una misma inquietud, se miraron con desconfianza y repitieron mentalmente, que  “eso no podría estar pasando”. Algo no estaba bien, algo había cambiado el TIEMPO, nada coincidía con lo establecido por leyes naturales. El Gran Colisionador de Hadrones les señalaba un universo más extraño, más profundo y peligroso que había acortado misteriosamente, el TIEMPO TERRESTRE, las estaciones del año no coincidían,  los días y noches  corrían a más velocidad. Fue una tremenda equivocación  irreparable, que los dejó a punto de un ataque cardíaco y sin solución que reparara este error, y  no agravase la situación,  a punto de explotar. Entonces  decidieron apagar sus máquinas,  sus pantallas,  cerrar  los túneles,  salir en punta de pies, informar a sus autoridades que se iban de vacaciones, mientras la gente humana se quejaba de que los días  se habían acortado, que  el clima lucía de otra forma,  que la tierra se desquebrajaba, que una fisura  estaba separando  África en dos,  que  se agudizaban los conflictos internacionales entre los pueblos, que la nieve desaparecía de los polos y que  la Antártida revelaba  ruinas de pueblos antiguos  bajo la nieve. Todo se presentaba como un caos.

El famoso Colisionador de Hadrones había marcado que el universo es más peligroso de  lo que habían imaginado.

 

 

jueves, 1 de enero de 2026

GEA


 

Quítate el vestido Gea,

bebamos en la copa del silencio.

Los astros dormitan su noche eterna

y nadie nos verá deslizar

entre brillos de luna y gotas de rocío.

Tus cabellos se estremecen al soplo de mi aliento tibio,

tupida maraña de ramas y árboles

que te hacen ver tan bella.

Amada, mis dedos imaginarios acarician sin prisa

tu piel tan largamente deseada.

 

Gea, tan mía y a la vez tan distante

no te atreves a cruzar la franja delgada del horizonte,

titubeas y permaneces sin palabras

dejando mi cielo destrozado,

sin luz para los recuerdos.

 

Gea, no me olvides, volveré cuando menos lo pienses.

Soy quizás una marejada de viento inoportuno

que detuvo el camino  en su afán de acariciarte,

susurrar que sin ti no soy nada:

tal vez una lágrima vagabunda,

un reflejo de un sueño que anhela tus labios,

un deseo vehemente que busca la cima de tu cáliz

para fundirme en ti y nacer una y otra  vez

en un sempiterno abrazo.

 

Gea, mi bien amada Gea,

serena y delicada flor entre  tantas constelaciones.

Selene aparece vestida de blanco

y anuncia mi retirada.

Adiós cariño, me sumo en el mar de la distancia

soy el eterno viajero,

una sombra enamorada de un imposible.

 

Un destello  en el cristal de tus ojos.                                 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

LA MUJER ARAÑA


 

Le decían la mujer araña, pero la verdad es que no se parecía en nada a la “Spider Woman”, porque era fea, gorda y pesada de caer mal por su tozudez, además, tenía pelos hasta donde no debía, una chasca de cabellos rebeldes y abundantes, los ojos negros y saltones, colmillos largos y dientes centrales amarillos y gastados. Además tenía  uñas largas y  engarfiadas que daban miedo y, lo más importante, era solitaria como las arañas.

 Lo curioso es por qué le decían la mujer araña, aparte de todo, era que al crecer, tenía algo especial para atraer a los hombres: un sexapil increíble, cocinaba que era una maravilla, una delicia. Y todo el que probaba sus platillos quedaba embobado, prendido a sus encantos culinarios. Lo que espantaba  toda esa hostilidad en  contra de su persona, con el aroma quedaba olvidado en el presente. Cuando el sabor de sus platillos te trastornaba, caías en una especie de hipnotismo y entonces la veías como una maravilla; todo en ella era especial, su mirada, sus labios carnosos y pintados de un color rojo radiante te cegaban y  en ese instante ella tomaba tu mano y  te guiaba hasta el comedor en dónde humeaba ese plato que te dejaba ensimismado. Su voz  parecía angelical, en fin, al terminar la merienda pagabas y salías de su casa como si tuvieras alas, prometiendo que volverías al día siguiente.

Los que no se desplomaban en sus redes culinarias, se mofaban de los que caían en sus brazos y en su comedor. Claro que muy por dentro envidiaban a los que frecuentaban su aromática invitación, también quisieran probar esos bocadillos, solo que el miedo y la cobardía  los hacía vociferar en su contra,  aumentando  sus defectos físicos.

La verdad  de todo era que esta mujer había sufrido de un hechizo cuando era muy joven, una bruja le había borrado la belleza de su rostro por ser la hija  de  un hombre que ella amó y no lo pudo tener, por tal motivo se vengó en la hija. Lo único que no pudo quitarle a la niña fue su arte por la cocina, por más que  inventó hechizo tras hechizo no pudo quitarle ese don, pero se quedó satisfecha por arruinarle el físico.  La niña creció y todos se burlaban de ella, cosa que le agrietó el carácter y su fealdad la asustaba hasta de mirarse en el espejo. Sin embargo le encantaba la cocina y  así ayudaba a sus padres, preparando guisos para vender a sus clientes. Muy   de vez en cuando la veías, porque ella vivía  en la cocina, envuelta en el aroma de sus meriendas. Si por obligación debía salir de compras, todo el mundo se la quedaba  mirando y murmuraban sobre su aspecto físico, muchas risitas y  palabrotas quedaban a su paso, sobre todo de las mujeres.

Pero la fatalidad la dejó sola por la pérdida de sus padres ya muy ancianos, y entonces no tuvo más remedio que  ella misma atender su comedor. Fue así que comenzó a preparar sus platos preferidos que el solo aroma de ellos atraía a los comensales hasta su negocio.

Ya no le importaron los chismes de sus vecinas, normalmente eran los hombres los que la visitaban a la hora de comida. Los comentarios malignos decían que  como era una araña, tejía una red invisible para atraer a los hombres a su comedor.

Tanto fue la envidia del barrio, que se hizo popular, y  sin querer, un día un hombre forastero, pasó por allí atraído por el aroma de sus platillos y entró como ciego a su comedor, fue amor a primera vista, bueno, una vez que hubo terminado su menú, ya no pudo resistirse al encanto de esa mujer desconocida para él, que le entró por la boca,   por su lengua,  su estómago y su corazón. La mujer araña no podía creer cuando después de unos meses el forastero le pidió matrimonio y por primera vez  sintió el sabor de un beso, ardiente y prometedor, que solo en sus sueños había deseado.

Lo más sorprendente fue que el halo del amor rompió el hechizo  de la bruja y al mirarse en el espejo esa mañana, vio a una hermosa mujer que la miraba desde el otro lado. Se tocó la cara, su peinado,  sus ojos resplandecían y una sonrisa  apareció para no irse nunca más de su rostro. No podía creer que por fin el amor la sacaba de esa maldición tal injusta. Se casó con el hombre de su vida y continuó cocinando solo para él. Igual siguió la envidia en el barrio, ahora por la suerte que tuvo al cambiar su desdicha por felicidad.

 

lunes, 1 de diciembre de 2025

ALGO ESPERA

 

El viento golpea los cristales entumecidos con uñas breves.

Rasguña con leve a alevosía los contornos  de la  indiferencia,

sin que nadie se apresure a dejarle entrar.

Hay un abismante silencio después del soplo del Cauro,

como si  el universo cerrara la boca

por una  endémica pausa y los astros atónitos

bajaran la vista a tan expectante momento.

 

El hombre en su sábana lanza un suspiro,

un leve rumor  invade la somnolencia

y desata los cabellos del sueño aún en acción.

El viento susurra empañando la ventana con  aliento gélido,

tiene sus labios junto al umbral de la noche

y  suplica que lo dejen  permanecer allí.

Quiere despertar con su frío beso al viejo pescador que yace en silencio.

La  penumbra  envuelve la estancia como una madre,

no permitirá que  los sollozos del Cauro despierten la armonía

y desaten la sensación del ruido,  como un rugir de mal agüero.

 

Pequeñas luciérnagas iluminan la  soledad y los árboles con sus cuerpos

 desnudos, bajan  sus temores al vientre de la Tierra

resguardando  el tesoro de la sobrevivencia hasta  nuevo aviso de  primavera.

El viento recoge su poncho de espuma no necesita permanecer

hasta que  amanezca el día, debe empujar la barca antes del alba

meterse en las  gélidas aguas del océano en busca del alimento

que el hombre recogerá en sus redes.

 

Alguien espera a la vuelta de la inmensidad

el beso del viento al tocar las crestas de sal, pero su llamado ha sido en vano,

el pescador ha enfilado rumbo a las estrellas,

lleva en su barca imaginaria un cardumen de peces plateados,

mientras el viento lanza un sollozo de soledad,

guarda sus alas fantasmales y se hunde en los brazos de las olas.

 

 

 

 


sábado, 15 de noviembre de 2025

EL HOMBRE DE PLÁSTICO

 

Erase una vez un hombre que se creía normal, a pesar de que era un fanático de la comida chatarra, hasta que descubrió algo que lo hizo entrar en pánico. Esa mañana al lavarse la cara, notó algo como si su rostro se estuviera despellejando, una fina película de la supuesta piel se deslizó suave entre sus dedos. ¿Qué es esto?, se dijo. ¿Será tal vez que después del sol del verano mi piel tostada se está cambiando? No le dio mucha importancia y salió a hacer sus compras como siempre. Compró un hermoso pescado para la comida y unas hortalizas para la ensalada. Hoy voy a comer comida real, pensó.

Al llegar a casa se dispuso a limpiar su pescado con un cuchillo bien filudo. Le sorprendió que la piel del pescado no tuviera la misma consistencia normal, sino que, parecía una piel plastificada que costó para romperla, pero eso tampoco le llamó mucho la atención, sólo una mueca de duda nada más y la idea de que el pez se alimentó de puro plástico, pero la desechó por ridícula.

Por más que le puso aliños el pescado sabía a neumático, un sabor profundo a petróleo. Uy que raro, se dijo, este pescado no tiene sabor, está con gusto a nada, luego le pareció que las ensaladas por más que las trituraba con sus muelas, éstas crujían, y al sacar un pedazo de lechuga le pareció un trozo de nylon. ¡Huácala!, hoy he fracasado con mi comida, está horrible, no sé dónde plantaron está lechuga que parecen cualquier cosa menos lechuga. Desalentado, fue hacia su sillón favorito y se sentó a ver tv y abrió un paquete de papas fritas, y comenzó a devorarlas. Pero allí, se fijó en sus manos, se notaban muy despellejadas y al pasarse los dedos por la cara, trozos de una fina película se desprendieron de sus mejillas con facilidad. El Hombre espantado pensó que había adquirido una rara enfermedad y llamó a su médico para que lo atendiera de urgencia, pero éste le dio hora para el otro día.

Desesperado el hombre se recostó y trató de llorar, pero sus ojos permanecieron secos, ni una sola lágrima asomó al lagrimal, trató de sonarse, nada, quiso correr a la cocina y sus piernas se doblaron por la mitad y quedó en medio del pasillo, luchando por aferrarse a una puerta ya que no podía avanzar. Pronto sus brazos se doblaron como un trozo de tela, sin derramar una gota de sangre, trató de gritar y su garganta emitió un ruido como cuando alguien rasga un trozo de papel y allí quedó sin movimiento.

Al día siguiente llegó la señora que hacía el aseo y encontró un trozo de plástico en el suelo, con la forma de un bolsón. Umm, esto me puede servir para echar la basura se dijo y lo colocó dentro de un tiesto en la cocina. Luego, vio los trozos sin comer del pescado y la verdura. Ah, exclamó, esta juventud come pura comida chatarra y cuando tiene comida de verdad ni la toca.  Debe de tener el estómago lleno de plástico, con tanta basura,  comida de dudosa procedencia. Y luego la señora siguió haciendo el aseo, mientras el hombre con el cuerpo plastificado observaba con sus ojos plásticos de pánico, como se iba llenando de porquerías y basura su cuerpo de bolsa.

 

 

 


sábado, 1 de noviembre de 2025

EMBRIAGADOS

 

Ebrios de vino y besos

cruzamos el jardín del edén,

esa noche de luna estrellada

brindamos por lo que no podíamos alcanzar.

Los sueños  se fueron en el viento

mecidos por un vaivén  de risas y  alientos de uvas.

 Brindamos por  Baco

y su corte residencial.

Luego, de tantos brindis perdidos,

la chicha fue un deleite, llenó de aroma

increíble  su celestial dulzor.

Toda la tarde,

por la mesa desfilaban con su mejor repertorio

haciendo gala y honor los consagrados

y los jóvenes aspirantes:

Cabernet de Sauvignon,  Chardonnay

Ultra Premium, tintos, blancos.

Importados, con alcohol, orgánicos.

Pinot noir, Merlot,

Carménere, una variedad de uvas y vasijas,

de copas, vasos y jarras.

 Hechizados de aromas, degustábamos

bajo el parrón, el asado en el otro extremo,

nos hizo entrar en juicio.

Dioniso nos  entretenía con su loco frenesí

e invitamos a  su padre,

a todos los dioses mencionados al azar

y pasó la tarde, se llenó de estrellas

el ancho cielo,

Nos dijimos muchas cosas, bulliciosas y románticas,

tristes, y divertidas.

De improviso, enmudeció la música

y el ceremonioso último brindis

nos despertó con alboroto.

Embriagados de miel y uvas

nos dijimos adiós tantas veces,

 tantas,… cuando ya amanecía.