Ya no vuelves, tu
sonrisa se ha quedado
prendida en el cristal del tiempo.
Bebo el aliento del universo cuando desfallece
en cada atardecer junto a mi ventana
esperando el candil de tu
regreso.
En vano dejo mis sueños a la deriva
y que encuentren el puerto de tu desembarco,
son bellos anhelos ensopados de estrellas y lunas
que caen en la nada de la desilusión.
Ya no vuelves, me lo han dicho mil veces
con su graznar pasajero las gaviotas del olvido
y la sombra de los recuerdos oscurece mis días
cuando aún bosteza la boca del cielo.
No vuelve el perfume de tus besos enredados
en el vendaval
que arrasó tu presencia de mis brazos.
Miro el camino vacío hacia adelante
sin más presencia que un invierno cruel que avecina su paso,
desbaratando mis deseos que se pierden entre un tumulto
de hojas
marchitas.
No vuelves, no volverás a cruzar mi solitaria senda,
ni tus palabras de
amor harán música en mis oídos,
ni mi boca tendrá
el sabor de tus labios.
La sombra del recuerdo cae lentamente, sobre mis sueños,
humedece la tarde con su oscuro y gélido roce,
toca el cristal con campanadas de agua
y disuelve las ultimas huellas de mi melancolía.
Tal vez mañana cuando deslumbre el alba
esto sólo sea un mal sueño
y tú estés sonriendo a mi lado,
como si nunca te hubieras ido.
Como si jamás te hubieras marchado…

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