miércoles, 1 de mayo de 2024

EL LEGADO


 

Los rojos  titulares del periódico de Teocuitatlán anunciaban esa mañana gris que Beatriz Maldonado dueña de la prestigiosa zapatería de su mismo nombre, había sido asesinada la noche anterior. Con lujo de detalles contaba que la rubia cabellera de la mujer había quedado impregnada de sangre cuando  le  destrozaron el cráneo con una estatuilla metálica del Quijote de la Mancha.

La privada historia de la familia Araya, después de la muerte del señor Roberto Araya, quedaba para siempre en los archivos de la policía. De más está decir que por ningún motivo fue un  crimen pasional, sino sencillamente una venganza.

La resignada pena de la señora Mercedes Araya una vez que el funeral concluyó, se  vio alterada hasta el punto de convertirse en rabia y rencor, el mismo día en que se convocó a la familia para la lectura del testamento del difunto esposo. Como es natural, ella se presentó, justo a las cinco de la tarde, en el despacho del rechoncho abogado Pérez, acompañada por sus dos hijos, dueños de la “Zapatería Hijos de Araya” y  en vida del padre, llamada “Zapatería Araya e hijos”.

Todo parecía normal esa tarde de color miel que, a pocos minutos de permanecer la familia en el despacho del regordete abogado, por no sé qué suerte del tiempo, se volvió de un intenso color gris.

El licenciado, estudiadamente ceremonioso, saludó a la familia, mientras no dejaba de acariciar su denso bigote estilo Salvador Dalí. Una vez sentados extrajo de una caja fuerte  situada a sus espaldas, un sobre de color amarillo y lo abrió en su presencia.  El silencio era expectante y  reinó por un breve momento en la estancia. La señora Araya sacó de su bolso un pañuelo blanco con sus iniciales en una esquina y lo apretó entre sus manos, como adivinando que esa lectura le causaría llanto. Pero no fue así, el abogado después de carraspear para darse  un tono de importancia, apartó el documento del sobre y anunció  la lectura.

La señora Mercedes pasó brevemente el pañuelo por su nariz mientras los hijos vestidos impecablemente con sus trajes gris y azul, camisas blancas, corbatas; una de líneas  blancas combinadas con azul y la otra de rayas  blancas y rojas,  dieron un suspiro de alivio y se acomodaron a escuchar.

Todo parecía normal, tal vez demasiado normal. Sin embargo, de pronto esa excesiva confianza se quebró  cuando uno de los hijos del finado señor Araya se levantó enfurecido de su asiento y salió del despacho dando un tremendo portazo. El otro hijo quedó como petrificado en la silla, todavía atontado por el anuncio, incrédulo de lo que había escuchado. La señora Araya de súbito volvió del aturdimiento en que se encontraba y se alzó de su asiento con el propósito de arrebatar el documento de manos del gordo abogado, el que a su vez, retrocedió tratando de salvar el testamento. Un grito cruzó el ambiente y se estrelló junto  a la cara del licenciado. ¡No, no puede ser!, la señora Araya se dejó caer en la silla aniquilada por la desagradable e increíble noticia, todo su mundo se desplomó a sus pies. El señor Roberto Araya dejaba su zapatería a una atractiva señorita de Sayula, una tal Beatriz Maldonado.

Mientras el asustadizo y rechoncho albacea se disculpaba con la viuda y su hijo,  lamentaba no poder hacer nada para cambiar ese testamento, el sudor corría por su frente  y en vano lo secaba con su  pañuelo sin poder controlarlo. Doña Mercedes y su hijo abandonaron el despacho tan mortificados como si de pronto llevaran veinte años de dolor en sus espaldas.

La vida de la señora Araya se extinguió de  tristeza durante los veintitrés días en que contempló a Beatriz Maldonado, vestida con unas llamativas minifaldas, abrir y cerrar la zapatería que desde siempre le había pertenecido. En sus labios  tan sólo se escuchó una palabra repetida durante esa noche, una frase llena de rencor y de reproche hacia su difunto marido: “hijo de la chingada.”

El martes, los hijos de Roberto Araya enterraron a su madre. El día jueves por la noche hicieron una primera y última visita a Beatriz Maldonado en su casa,  allí mismo abusaron de ella sexualmente y terminaron con la vida de la mujer de la forma en que lo anunció el periódico,  en primera página y en llamativo titular, esa mañana gris.

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 15 de abril de 2024

EL ABRAZO


 

El abrazo quedará oscilando en el aire

como un ave de múltiples alas.

Será un abrazo que abarcará un mundo de silencio,

meses y días de angustiosa espera,

de tristezas contenidas.

Será  tan intenso que pasarán las memorias, recuerdos

y años, en un calendario que abarcará una vida.

 

El abrazo no será igual a los anteriores

olvidados en el tiempo, tendrá una larga agonía

que  milagrosamente sacará sonrisas y lágrimas

en una sucesión de sensaciones reprimidas.

Tendrá una nueva ruta en los caminos vacíos,

una luz, esperanza, será todo aquello perdido

y encontrado en ese abrazo inolvidable.

 

Cambiará el tétrico ambiente con olor a muerte.

La sombra de los caídos vagando por las calles

encontrará por fin,  descanso en su deambular,

hallando la salida a su oscuridad.

 

El abrazo que ha esperado tiempo

se abrirá paso por la calle abierta,

irá en busca de un pecho, un calor y unas lágrimas.

Sus alas ya revolotean el espacio

tienen ansias acumuladas de bullicio,

de risas que quedaron olvidadas en el camino

con rumbo desconocido y doloroso.

 

El abrazo deambula por las calles solitarias,

llenas de mascarillas insolentes,

espera sin flaquear que acabe la pesadumbre

y te encuentre sin prohibiciones,

sin tiempo limitado por un permiso autoritario.

 

El abrazo ahora titila en el aire,

es un colibrí tras la flor y el aroma de tu contacto,

que hará renacer el tiempo irrecuperable

de tu presencia.

 

lunes, 1 de abril de 2024

DE LOS ÁRBOLES


 

De noche los árboles salen a caminar lejos del bosque. Van entre sombras y  nebulosas perdidas de algunas constelaciones. Se esconden de la luna que con cara pálida los  imagina en su movimiento, pero no puede alumbrarlos, la verdad es que está muy débil, como un gajo de naranja, y apenas ilumina sus pensamientos.

Los árboles se van despacito, arrastran un montón de raíces que no quieren salir de la tierra y se aferran a las piedras del camino, con el  fin de no quedarse bajo la mirada  del sol. Prefieren seguir  hollando túneles increíbles en las sombrías noches venideras.

Los árboles saludan a sus amigos que de viejos ya no quieren arriesgarse   a quedar impedidos de perder su lugar ya escogido. Pero se alegran que de vez en cuando, en noches de luna débil puedan charlas con  amigos venidos de otros bosques. La situación es alarmante,  se comenta que algo está acelerando el cambio climático, se derriten vertiginosamente los glaciares,  hay un descontrol en la naturaleza y de seguir así todos los seres indefensos, incluidos la flora y la fauna perecerán. El sol calienta más de lo que debe por una entrada peligrosa en el ozono y produce incendios por las altas temperaturas. Esto es desconcertante para los viejos árboles que han estado allí por muchísimos años, es casi de no creer, solo que sí lo han notado y les preocupa. Se dice que “un animal inteligente” es el culpable de este caos. Pero ¿cómo? pregunta un viejo sauce que ya  no le quedan lágrimas por la escasez del agua. Si es inteligente,  ¿en dónde quedó su famosa inteligencia? Lo que pasa buen amigo árbol, es que junto con la inteligencia,  nacieron otras virtudes y defectos, lacras que se crearon por  el poder y la codicia y ahora nos lleva hacia el precipicio del exterminio. Pero, ¿ellos también se extinguirán?, No lo dudes, lo saben y al mismo tiempo lo ignoran, la avaricia les lleva por un sendero de destrucción a sí mismos y a toda su descendencia.

Qué triste, mejor nos vamos de regreso a nuestro bosque,  a esperar  un nuevo amanecer  lleno de trinos que alejen los malos augurios, comentó un árbol soñoliento, e indica que la luna está bostezando en lo alto, como  anuncio que ya es tiempo de volver a  sus lugares.

viernes, 15 de marzo de 2024

BESO SILENCIOSO


 

Beso, figura amorfa apegada a los labios.

Silencioso orgasmo recorre lento

los contornos de la piel.

Beso, estela ardorosa deja surcos a su roce.

Piel humedecida  de cristales,

ansias que naufragan en desconocidos océanos.

 

Un beso de tu boca anida mi pecho de arena,

se enraíza, florecen violetas

y llenan mi alma de olas y mareas.

Beso,

mañana seguirás en mí, unido a mi labio,

apegado a mi pecho.

 

Roce silencioso de tu boca.

Beso ausente, nostalgia.

Amanecer sin tu abrazo, angustia.

Mi cuerpo luz, sin flama

atrapado en un mundo de paredes frías,

de ojos espiadores, sonrisas negras.

 Sólo, un beso alado,

 aún palpita su huella pasajera.

viernes, 1 de marzo de 2024

LA TIERRA BAJO INVASIÓN

 


Nos dijeron que nos mantuviéramos alejados del Hexágono. Que la mayoría de ellos ya son híbridos, los mandamases aun viven bajo tierra, no pueden estar en la luz del sol, por eso de sus enormes ojos, su piel escamosa y su figura  parecida a una mantis religiosa de unos dos metros y más. Todos estamos con miedo, no sabemos a dónde ir. A un vecino lo abdujeron y le han colocado un chip en alguna parte de la boca. El señor esta como trastornado, dijo que le anunciaron que  la tierra estaba invadida, que por eso han perfeccionado  al humano convertido en un híbrido de su raza, y que falta poco para que alienígenos  sean los que habiten el planeta, mientras los pocos que quedemos seremos sus esclavos.

La situación empeora cada día,  desconfiamos de quien se nos acerca, puede ser un híbrido, son  inhumanos,  carecen de sentimientos, actúan como robot, totalmente indiferente a todo rastro de humanidad. Los gobiernos  están convertidos en sus aliados, pero eso es porque los han convertido en híbridos, estos alienígenas se apoderan de  los cuerpos y los cerebros. Ahora están dedicados a fomentar la tercera guerra mundial, contando con los invasores. Estos híbridos ya actúan siguiendo las indicaciones de los alienígenas y  han masacrado a las poblaciones humanas de varios países en  el pasado, y ahora, en la actualidad. Siempre asolapados, armando conflictos  entre vecinos por insignificancias que luego escalan a atentados terribles e intervención de los mandamases híbridos guiados por  el instinto de destruir todo lo que no  se somete a sus reglas. Entonces, pretenden  atizan el fuego de la guerra nuclear. Después de eso la tierra quedará destruida para el ser humano y será una base para los alienígenas que pueden sobrevivir sin los elementos  que dan vida al terrestre.

Cada día es como si pisáramos  sobre carbones encendidos, el odio, la envidia, el caos es lo que nos rodea. La violencia se apodera del humano y lo  destruye, lo deja incapacitado para reaccionar,  discernir y cambiar el curso peligroso  en donde solo nos espera el abismo fatal.

La Tierra se sacude, el  virus de la maledicencia se apodera de todo hasta del aire, del agua y de la paz, desaparecida desde hace rato.

 

 

 


miércoles, 14 de febrero de 2024

DEJA ABIERTA TU VENTANA

 


Deja abierta tu ventana

de par en par cada noche,

para que pasen mis sueños

a libar de tus anhelos.

 

Deja,  recorran sin prisa

las llanuras de tu calma

y se alojen en los surcos

dóciles de tu almohada.

 

Deja abierta la esperanza

bajo el reflejo del tiempo,

llegaré una madrugada

 a recorrer tu silencio.

 

Deja libre la tristeza

humedecer mis lamentos,

esa ausencia que lastima

la flama de tu contacto.

 

Deja abierta tu nostalgia

a los llamados del deseo,

mis sueños cruzan febriles

los umbrales de tu fuego.

 


jueves, 1 de febrero de 2024

EL HOMBRE BÚHO


 

Dicen que vive entre las tumbas del viejo panteón y sale de su escondrijo cuando siente voces de niños aproximándose a su lugar, entonces aparece curioso tal vez a jugar, pero su aspecto es tan siniestro que los niños huyen despavoridos al verlo acercarse. Algunos aseguran haberlo visto, otros repiten que solo es un mito, lo cierto es que muchas personas  todavía hoy tienen encuentros terroríficos con ese extraño ser. A propósito, hay personas que aseguran  tienen una confusión con el hombre polilla, que posiblemente sea el causante  de los encuentros, pero entre uno y el otro hay muchas similitudes.

Las madres de los pueblos cercanos asustaban a los niños con el hombre búho que vendría por la noche a buscarlos, y así se comportaban obedientes para no ser presa de aquel monstruoso ser. Los niños lo imaginan con grandes ojos, de aspecto siniestro, de mirada puntiaguda, a punto de clavar su pico por miedo o por defenderse, pero no infundía confianza. Todos  comentan que  asalta con su  figura descomunal a los que se aventuran a penetrar el bosque que es su hábitat. Podría ser de día o al atardecer, emite un chillido escalofriante  antes de aparecer y por supuesto los niños corren apresurados antes de  verlo. Lo cierto es que ahora muchos aldeanos  no se atreven a cruzar el bosque solos y por supuesto de día, caminan  sintiendo la penetrante mirada del hombre búho que vigila sus pasos,  a pesar de que los búhos duermen de día,  los hombres no confían, sobre todo, si sienten  algún ruido peculiar en el bosque o los alrededores o si un chillido les paraliza momentáneamente las piernas.

Muchos  argumentan que  el hombre búho duerme  en el  entretecho del monasterio, es el lugar en donde casualmente lo han visto  merodear, tal vez en busca de alimento. Claro que al atardecer,  es  su rutina.

Un día se me ocurrió dar una vuelta por el cementerio y, como entretención, fui leyendo las  lápidas de  algunas tumbas,  es muy interesante lo que dicen en sus maderas antiguas y  muchas están en el suelo cubiertas de hierba. Eran como las  seis de la tarde, mi padre me contó que  no existía  tal hombre búho, que era un método que usaban los padres para asustar a sus hijos desobedientes.

Por lo tanto solo tenía curiosidad a mis  doce años.  Mi familia se había  cambiado a ese pueblo hacia exactamente dos meses y era la primera vez que salía de casa en busca de algún niño para jugar, pero no encontré a ninguno y  los pasos me llevaron al viejo monasterio. Recuerdo que iba  mordisqueando mi  emparedado, cuando sentí un leve ruido de algo que se deslizaba por entre las tumbas, luego un seseo. Me quedé quieto, no tenía  miedo y observé cómo se movían la hierba a unos dos metros de mí. Pasaron unos segundos que se hicieron eternos. Supuse que había sido un pájaro en busca de su nido, cuando lo vi,  primero pensé que era un espantapájaros que no había visto antes, me sorprendió, pues sus enormes ojos me miraban fijamente sin  avanzar ni un paso. Luego  vi su rostro, creí que algún niño  usaba una máscara para asustarme y le hablé, oye niño, tú no me asustas con ese disfraz, ven, vamos a jugar mejor. Sin embargo, no se movió ni se sacó  la máscara, solo me miraba curioso también. Niño, ¿cómo te llamas?, pregunté. Él no respondió sino que hizo como un  pequeño gruñido. Guau,  ¿no puedes hablar? Volví a mirar sus ojos y parecía que lloraba, niño, ¿qué te pasa, tienes hambre?, entonces avanzó hacia mí sin que yo pudiera reaccionar y salir corriendo, lo mejor que hice fue ofrecerle mi  pan. Y muy rápido lo alcanzó con una mano emplumada. Oh, ¿eres el hombre Búho?, le  pregunté. Él  devoró el emparedado, y luego  eructó. ¡Guácala!, exclamé, parece que te gustó. Me miró como si sonriera y  repitió ¡Guá-ca-la! Ah, jajaja, ¡puedes hablar!, qué bueno, podemos ser amigos. El contestó, a-mi-go, e hizo un ruido como si riera, a-mi-go. De pronto,  vi que de su espalda se abrieron unas alas y  salió volando hasta perderse en el bosque.

Volví a casa y le conté a mamá de este peculiar encuentro, ella sonrió y me aconsejó que no contara esos cuentos de miedo a mis hermanos. y no le dio importancia a mi relato.  Decidí no decir nada ya que mis padres  comentan que soy muy bueno para inventar historias, y desde ese día voy en los anocheceres  a ver a mi amigo,  el hombre búho y le llevo alguna golosina que espera con ansias y luego se aleja volando hasta perderse en el ramaje.