domingo, 15 de febrero de 2026

ATÓNITA INTERRUPCIÓN


 

El tiempo se detuvo esta mañana justo a las ocho, cuando una abeja se alistaba para asaltar una rosa. Los grillos quedaron con sus violines a medio guardar y una gota de rocío quedó suspendida ante mis ojos,  reflejando una pregunta inimaginable. Qué maravilla pensé, paralizada por la sorpresa, viendo  mi rostro reflejado en esa gota cristalina.

 El viento batió sus alas en una pausa sin emitir un sonido y el reloj universal se detuvo sin  explicación. No hubo caos, el silencio fue el dios  del momento y por primera vez abrió la boca de alegría y se  recostó sobre sus laureles.

Las hormigas quedaron atónitas con su carga mañanera, sus  antenas elevadas, prontas a seguir una ruta desvanecida por la interrupción. Todo parecía normal aparentemente, pero había que comenzar la rutina o el mundo se convulsionaría después, cuando faltara el tiempo y el hombre anunciara una catástrofe por la pérdida en  sus ganancias.

Por eso y  haciendo un fallido carraspeo, el ruido se impuso y sacudió al tiempo con fuerza, dándole la cuerda necesaria. El reloj volvió a latir su acompasada marcha justo un minuto pasadas las ocho de la mañana.

Lo interesante fue que, nadie, salvo yo, se dio cuenta de esta insólita interrupción.

domingo, 1 de febrero de 2026

DECIR TE AMO


 


Mírame,

estoy a punto de decir: te amo.

En la boca se desliza la silueta de un beso

y en mis manos la suavidad del tacto

prende la piel en una hoguera.

Mírame con esa mirada,  deshiela  inviernos,

desnuda los árboles, haz llorar el cielo.

 

 Tus ojos,

encendiendo  flamas en la oquedad de la noche,

tienen mi corazón prendido a tus palabras.

Paso a paso hemos recibido el mensaje,

en el alba y al cenit voy hilvanando las sílabas

adecuadas y formar la palabra “te amo”.

 

Y pienso,

cómo decir,  te  correspondo,

en cada abrazo, en cada beso,

en la mirada emotiva, siempre hay ternura

al pronunciar tu nombre.

No temas, bien mío,  estoy aquí

esperando el abrazo, el susurro que volverá

el rubor a mis mejillas.

 

Decir: te amo, en lo rutinario del día

en la  tibieza de la noche,

en el abrazo, el roce,

en el susurro y el beso enternecido,

es parte primordial en nuestro camino

y en todo nuestro cuerpo hay un te amo, hilvanado a la piel,

escapando de  los labios en un instante sempiterno.

 

Cada día con su noche todo mi ser te dice, te amo.

Es un lento caminar  que nos  ata

a las rudas piedras del sendero,

mas, estando juntos,  se hace más fácil la jornada

aferrados el uno al otro, al mismo destino.

 

Bien mío,

una mirada de tus ojos enamorados

sosiega inquietudes del mañana.

Eres como un bálsamo  de infinita ternura,

acallas con  calma los absurdos de la vida.

 

Mírame amor,

estoy a punto de decir: te amo,

decir, eres más allá de lo posible,

la razón de mi existencia en este mundo.