viernes, 1 de julio de 2022

EL FANTASMA MIEDOSO


 

Era un fantasma que tenía miedo, a todo, a las sombras,  al movimiento de las cortinas, a los ruidos, incluso al silencio y sobre todo a la luz. También se asustaba de su propia sombra cuando se miraba en los espejos temblaba como una hoja y no admitía que  el mismo era una sombra.

Cuando un ser vivo se acercaba el fantasma en vez de asustarlo salía huyendo atravesando las paredes y se escondía bajo cualquier cama tiritando sin poderse calmar.

Los otros fantasmas de la casa se burlaban de él, le decían que era un gallina, que no tenía coraje, en fin miles de palabrotas que azotaban las paredes, y corrían las sillas de las risotadas que daban vueltas por la casa. El pobre fantasma se sentía tremendamente infeliz, no recordaba cómo había sido en vida, si realmente había sido un pollo o una gallina o cualquier cosa de esas que los otros fantasmas le repetían. A veces se escondía en algún  peluche en la pieza de los niños para escapar del ataque, pero como tiritaba tanto trataba de hacerlo cuando los chicos estaban en el colegio.

Pero un día se quedó dormido dentro de un peluche de oso, y  cuando pensé que los niños e habían ido descubrió que pepito estaba enfermo y se había quedado en cama. De inmediato comenzó a tiritar sin poderse controlar hasta que pepito se dio cuenta que su osito estaba  moviéndose, y  entonces le preguntó con mucha naturalidad si acaso el también estaba enfermo. El fantasma miró para todos lados por los ojos del osito y no vio a nadie en la pieza salvo el niño. Trato de calmarse, mientras el niño lo invitaba a su cama.oye osito debes de tener mucho frío como yo, el resfrío es así,  vente a acostar conmigo.

Justo cuando el fantasma se alegró con la invitación llegó la mamá de Pepito. Ah cómo te sientes  mi niño, le preguntó, no sé, me duele un poco la cabeza, y sabes mamá, el osito también está resfriado, ah ¿sï? Pobrecito, quieres que lo acueste a tu lado. Sí mamá, recién estaba tiritando de frío. Ah, mira que triste le pondremos un chal para que se sienta mejor. Y la mamá  acostó al osito en la cama muy arropado.

Cuando la mama se fue el niño le preguntó al osito si se sentía mejor, y el fantasma  se contentó y le respondió que sí. ¿Oh puedes hablar? El fantasma se tapaba la boca pero no le  apuntaba porque como era tan negro no sabía  en qué lado de la cara estaba su boca así que se tapaba un ojo, luego la nariz, y al final  encontró la boca que coincidía con la boca del osito. El niño insistía que le  contestara pues le escuchó ese, “Sí”, que salió sin querer. Oh no, estoy en problemas, ahora los otros fantasmas me castigarán por haber hablado se dijo, mientras saltaba de la cama para irse a otra pieza a esconder, pero se enredó con el chal y  junto al oso cayó al piso. ¿Osito, qué haces? El fantasma asustado se refugió en un closet del pasillo mientras  la mamá pensó que pepito la llamaba y fue a su pieza. ¿Necesitas algo hijo?, Ah mamá el osito se cayó al suelo  porque se asustó. Él habla mamá. Afirmó el niño. Oh mi niño debes de tener mucho fiebre, aquí está tu osito acuéstalo a tu lado y te traeré una aspirina.

Por más que pepito le habló a su osito este  estaba mudo, el fantasma  se había ido más asustado que de costumbre y como tiritaba tanto las puertas del closet se abrieron de repente y la mamá pensó que era un pequeño sismo. Ah, espero que no vaya a aumentar este temblor se dijo y se fue hacia la cocina.

Los otros fantasmas se percataron de lo sucedido y aunque era de día y se supone que los fantasmas duermen de día le  dieron un largo sermón y lo mandaron a dormir al ático. Y allí  por fin el fantasma encontró su lugar, ya que nadie subía a ese espacio lleno de cajas de cosas antiguas.

 

 

 

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