domingo, 15 de marzo de 2026

EL MONSTRUO


 

Alguien que supo para donde iba me advirtió que tuviera cuidado con el monstruo de tres cabezas. Sonreí, mi padre anduvo por estos lares y nunca lo oí mencionar un monstruo. Ah sí, gracias buena señora lo tendré presente, le  contesté para no ofenderla con mi escepticismo. Un niño asomó su cabecita y  vi que tenía un cuaderno y un lápiz. ¿Te gusta dibujar? le pregunté, y él asintió con su cabeza. Rubén es muy bueno para el dibujo, afirmó la señora, está obsesionado con el monstruo de tres cabezas.

Esa noche soñé con el  dragón de Rubén, yo estaba con mi picota abriendo una brecha en  la ladera del cerro  entusiasmado por una prometedora veta de plata, no lo vi llegar, solo escuché su rugido y luego vi aparecer el fuego por sus tres hocicos. Me arrinconé para evitar las llamas, en el hueco que   estaba abriendo. El monstruo no me vio, pero se fue directo hacia  el árbol seco que allí había en donde vi al niño Rubén dibujando en su cuaderno, quise gritar pero no me salió la voz, no pude avanzar, mis piernas parecían de gelatina.

Desesperado vi como  el niño desaparecía en  una de las fauces del animal. Fue entonces que en un esfuerzo supremo logré llegar hasta el animal, y  con el machete que llevaba le corte una de las cabezas, las otras vinieron hacia mí y logré cortar las dos restantes. Aún desesperado,  abrí el estomago  del monstruo, pero solo hallé el lápiz y el cuaderno. Desconcertado grité por fin, llamando al niño. Nada, el silencio reinó mientras el monstruo desaparecía lentamente, entonces desperté sintiendo que  mi voz se escabullía fuera de mi cuarto, como un mal presagio. El machete yacía  en  suelo cubierto de sangre.

 

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