martes, 15 de junio de 2021

EL RINCÓN DEL ÚLTIMO BESO

 




Sólo a través de tu recuerdo pasan las horas mustias.

 Vienen  murmullos desde lo profundo  del silencio,

invaden el cuarto

y busca desencantar la espera.

 Envuelta en la sábana del tiempo,

ilusionada en vano, detengo los relojes

en un momento que  no existe.

Acurrucada bajo el alero del ensueño

 te contemplo en una lejanía cercana,

 como si los cristales reflejaran tu silueta tan deseada,

las paredes me devuelven el eco de tu voz

y tintinean nostálgicas en mi oído.

Blanca libélula se ha posado en una lágrima,

 bebe su tristeza, mi soledad inaudita,

ha hecho su nido en mis pupilas esperanzadas.

Mis mejillas salobres se marchitan día con día,

 pronto seré  una estatua de silencio

petrificada en el  lugar más melancólico,

aquel del adiós, el rincón del último beso.


martes, 1 de junio de 2021

CUANDO AMANEZCA


 

“Regresa cuando amanezca”, me dijo y suavemente me empujó fuera de su casa. Me sentí muy confundida, le había  rogado que me dejara quedar  por esa noche, pero apenas cayó el crepúsculo y se encendió el cielo de arreboles púrpura y naranja, él simplemente, me pidió que me fuera.

¿Qué le pasa a este pájaro nocturno?, me pregunté con curiosidad. Lo había conocido sólo dos semanas atrás, se veía un buen hombre, muy apuesto y gentil, eso fue lo que me cautivó, salimos varias veces, conversamos de todo, bueno, casi de todo, me llamó la atención que evitara la luz del sol, usaba todo el tiempo unas gafas oscuras y se refugiaba en la sombra. La mayoría de las veces fuimos al cine, y me dio la impresión que lo disfrutaba. Rara vez consumía alimentos, normalmente caminábamos cerca del  atardecer, y sólo bebía un líquido rojizo que llevaba en una botella oscura. ¿Cómo sabía que el líquido era rojizo? Pues que cuando lo bebía,  en sus labios quedaban unas gotitas de ese color y él, presuroso los limpiaba con su blanco pañuelo.

En una ocasión quise probar aquello, pero me respondió que era como una medicina que debía beber y que sabía muy mal.

Me agradaba lo amable que era, me ofrecía chocolates en el cine o palomitas de maíz, pero él se excusaba de estar en un tratamiento y no podía comer cualquier producto elaborado, entonces insinué que debería ser de aquellas personas que  son vegetarianas, o naturistas y asintió que algo como eso.

La semana pasada nos besamos en el cine, fue maravilloso, un hombre ardiente  y apasionado que me hizo pensar en un buen romance. Me pidió que le llamara Al, su nombre era muy largo, algo así como Alucard y  accedí con mucho amor.

Nos despedíamos cerca de mi departamento, sin embargo siempre tenía una excusa para no entrar, obviamente era una persona muy ocupada y no insistí. Nuestra relación era muy reciente y no quise ser aprovechada, aunque lo deseaba con pasión. Me cohibía su manera de tratarme con demasiado respeto, casi no me abrazaba, sólo cuando me besó, pude entrever su temperamento  ardiente, pero pronto se controló. Yo estaba fascinada con él. Una tarde le hablé de mis amigas y parientes, me pidió que no les hablara de él, por el momento, que sería un secreto entre los dos hasta que fuera más formal. Esa idea me subyugó, amaba todo lo envuelto en misterio, un secreto, era algo fascinante. Y  estuve de acuerdo.

No le gustaba sacarse fotos, nunca admitió tomarnos una juntos. Cierta tarde por primera vez me invitó a su casa. Yo estaba muy emocionada, eso podría ser un buen indicio para que  consumáramos nuestra unión. Había estado fantaseando por varias noches cómo sería hacer el amor con él, poder tocar su cuerpo tan varonil,  besarlo con pasión y entregarme a él en cuerpo y alma. Incluso pensaba después de eso podría  invitarme a vivir  en su casa. Tengo  veinticinco años y todas mis amigas dicen que me quedaré para vestir santos, cosa que me disgustaba mucho. Entonces ahora,  la situación es distinta, ya tengo un amor y  se notaba que él también me amaba, claro a  su modo, un poco introvertido y muy controlado en sus sentimientos. Al, cada tarde me esperaba a la salida de la tienda, caminábamos por la alameda parsimoniosamente, dejando que  las horas cayeran sin inmutarnos hasta que él comenzaba a mirar el reloj y repentinamente quería regresar.  La  segunda vez que me llevó a su casa, fue por un breve tiempo, enseguida me invitó a salir por  cigarrillos y  de allí me  fue a dejar a mi departamento.  Me defraudó, yo esperaba otra cosa. Debo tener calma me dije, no tengo que ser tan impaciente, a los hombres les gusta ser ellos los que den los primeros pasos.

Yo pensaba que uno de estos días él me invitaría a quedarme en su hogar, tal vez como su pareja, en fin, soñaba con esa idea, tengo una pasión secreta que cada día me quema el pecho, sin embargo, no me atrevo a pedírselo, es una mezcla de  temor y vergüenza. ¿Cómo le puedo confesar algo si él es tan diferente a todos los hombres que conozco? Por un lado me cohíbe, no me da confianza, y aunque  llevamos sólo dos semanas  como novios, hay cosas que  me sorprenden, como ese día en el cine cuando me besó sentí que algo me pinchó el labio y cuando llegué a casa tenía una pequeña herida. Se lo dije al otro día y pareció muy preocupado, y me pidió disculpas que al final me sentí confundida.

Ayer  fuimos a su casa y  mientras me quedé en la sala por un momento, como soy un poco curiosa, estuve recorriendo las piezas adyacentes y  en una que estaba su escritorio, todo  muy oscuro con gruesos cortinajes, entonces prendí la luz y me pareció que el mobiliario y  el aspecto de ese cuarto eran de otro siglo, muy antiguo, pensé.  Cuando sentí sus pasos apagué la luz y cerré la puerta, pronto me apuré en sentarme en el sofá. Me miró con atención y me preguntó por qué estaba tan agitada. Ah, le contesté, no es nada, estaba pensado que debo ir de compras. Te acompaño, dijo, y salimos de su casa.

Cuando me dejó en la noche cerca de  la puerta de mi departamento, me dio varios besos muy apasionados, en un instante en que abrí los ojos vi sus colmillos muy puntiagudos y eso me espantó, se lo dije y me mostró después sus dientes que parecían normales. Creo que el amor me está volviendo loca y tengo alucinaciones, qué vergüenza. Se rió mucho y me preguntó si creía que era algo así como un chupa sangre. Tuve que  sonreír  y disculparme. Bueno, me  contestó, como eres muy curiosa, mañana te invitaré a paladear un desayuno de películas en mi hogar, jaja, tú serás mi hermosa invitada, ya verás que tendré una interesante sorpresa para ti, pues soy un experto en preparar un plato gourmet que nunca olvidarás. Oye, me intrigas, reproché, y no acostumbro a comer mucho en el desayuno, ah, y  no es curiosidad, sino que eres mi novio y por supuesto  quiero saber más de ti, dije en un tono de queja. Jaja, rió de nuevo ya verás, mi amada, serás la reina de mi mesa.

Bueno, hasta mañana mi amor, relájate para  saborearte mejor, exclamó con una inusitada  alegría. Me abrazó y deseé con fervor que  tal vez, era un tácito  anuncio de que mañana, por fin,  haremos el amor, dando  rienda suelta así, a esta secreta pasión que nos devora...

 

 

 

 

 

 

sábado, 15 de mayo de 2021

AMADEUS

 

Amadeus yace recostado en la playa

su cuerpo oxidado es lamido por la ola

una y otra vez.

Por entre las vertebras de su esqueleto roído

anidan cientos de pasajeros obligados,

jaivas y ostiones se cobijan y le piden protección.

 

Oh Amadeus, ¿cómo llegaste allí?

¿Qué ola tan grande levantó tu armadura

de fierro y  madera y te encalló en la arena?

¿El litoral de los poetas te sedujo en busca  de paz,

 y te dejaste ir con tus dolencias a cuestas  

cuando la marea  empujó tu frágil estructura?

 

¿Cómo perdiste la dignidad,

el orgullo que tenías al navegar las costas?

Arreciando tempestades, no le temías a nada.

Inflabas velas, tronaban tus mástiles,

y la quilla de acero se alzaba como una columna vertebral

con sus cuadernas.

Elevabas ancla, y un enjambre bullicioso de gaviotas

te acompañaba hasta el horizonte,

abriendo un camino de noctilucas proa al destino,

te alejabas ululando un ronco silbido.

 

Amadeus, viejo barco ballenero, te venció la codicia,

el afán de perseguir la victoria.

Ahora  los dedos de sal  penetran tus heridas,

muerden tu esqueleto quejumbroso

y te roe el viento desde la popa a la proa,

en busca del timón y enfilar rumbo.

Los cangrejos moradores te circundan

en el  silente deambular de las sombras,

pequeños fantasmas peregrinos

alzan sus tenebrosas  pinzas,

hambrientos de historias de lejanos viajes

en ultramar.

 

Viejo barco,  huérfano de todo,

sin tierra ni futuro, sin capitán,

abandonado por el tiempo en luna llena,

perdidos soles y caducos eclipses.

Tienes una plegaria  en tus labios fracturados

cuando te mece el vaivén de las mareas.

 

Amadeus,  anciano moribundo,

cada golpe del mar que infructuoso

amenaza con ímpetu mortal tu estadía,

estremece  los cimentos de tu carcasa.

Tus acerinos pies desollados se hunden cada vez más en el olvido.

Eres sólo un náufrago con un errático pasado,

un armazón  de fierros carcomidos por el mar,

 sosteniendo en el aire el arpón tras una imaginaria caza.

 

Amadeus, deja de soñar, eres una triste fotografía  en sepia

lamida por las olas, acunada en brazos de sal.

Tus huesos reclaman el descanso,

un sitio  donde  reposar  tanto rugido  de mareas.

Cada instante es más doloroso, los pernos que te mantenían

altivo caen en la  sedienta arena.

Todo en ti es un quejido lastimero

que retumba en  la noche tranquila,

cuando las olas ronronean sumisas y los cardúmenes

asoman sus cabezas para contemplar la luna.

 

Amadeus, te adormeces poco a poco

con el recuerdo de una música celestial,

mientras lentamente tu estructura

va quedando  esparcida  sobre la playa

con el estoicismo de un beso marino.

 

 


sábado, 1 de mayo de 2021

DE CITA PARA EL TÉ


 

Se mira al espejo, pero no se halla. Se inclina, luego se sube a una silla, busca su figura por la pieza. No importa, se baja y se pone los zapatos. El espejo ahora la refleja y contenta se abraza, acaricia su rostro, arregla sus cabellos. Luego se acerca más y besa su imagen dejando un rastro de rímel. Se sorprende y  besa varias veces al espejo,  entretenida en un collar de besos. Alguien dijo que era bella como una figurita de porcelana o de magazín. Está orgullosa, mientras repasa el labial de sus labios, admira el carmín de su boca, rojo como una cereza. Repasa el colorete de sus mejillas, al tiempo que piensa, a dónde irá a tomar el té con sus amigas. Observa sus aretes hermosos, pero un poco pesados por tanta pedrería, ah, y el collar que su abuela le ha prestado. Se fija en sus párpados ensombrecidos por el pincel de color azul intenso.

Todo se ve bien, le agrada. Su maquillaje es perfecto, ha gastado mucho tiempo en él, desea ser la más hermosa del grupo. Está contenta con el resultado, y da una gran sonrisa a su figura en el espejo.

Ahora se preocupa del vestido, le queda un poco suelto y largo, con delicadeza lo levanta para dar unos pasos con los tacones altos y mirarse de más lejos. De pronto  da un traspié y está a punto de caer al piso.

Los zapatos de mamá son muy grandes para ella, piensa y un poco desilusionada, se aleja taconeando hacia su dormitorio a tomar el té con sus muñecas.

jueves, 15 de abril de 2021

EN EL JARDÍN

 

Se tocan, se acarician

Las verdes manos de la trepadora buscan  maravillada

los seguros brazos de los árboles.

Se miran en la profundidad de la savia

recorriendo sus venas con la velocidad de la brisa.

 

Día y noche danzan al ritmo de los astros,

unen sus manos suaves en una danza vegetal

y conversan de cosas escritas en la corteza de los mayores.

Hay tanto amor, tanta paz, las flores suspiran

emocionadas a lo largo de la tarde.

 

El amor allí emana de lo verde, del interior del capullo,

flores, arbustos.

Es un renacer cada día en las espirales del tiempo,

la boca del viento sopla las semillas con amor de padre

las distribuye, las acomoda.

 

La enredadera aprieta su cuerpo delicado al tronco de su amado,

lo acaricia y transmite  el placer del encuentro.

El sacude sus hojas y le regala una pequeña florecilla,

la primera de la temporada.

El perfume del amor  envuelve el ambiente,

satura el momento con la frescura del alba,

con la brisa del atardecer.

 

La enredadera le dice tácitamente  al amado

que no podría subsistir sin él,

sin su protección

y su apoyo.

El árbol mece sus ramas y hojas en señal de aprobación,

de dicha por vivir así uno en el otro

formando un mundo


jueves, 1 de abril de 2021

MASCARADA

 

La tarde abre sus ojos y cubre de naranja el horizonte,

usa una extraña máscara para mirar arreboles dormidos,

 y extiende sus alas mustias sobre valles y ciudades.

Es la hora en que Cronos despierta de su siesta dominguera,

tiñendo al crepúsculo de colores insospechados,

fiesta de primavera y su ritual florecido.

 

Los gnomos usan caretas para bailar en el claro

y las hadas sorprendidas mariposas de antifaces.

Todo el bosque se embellece para la gran  ceremonia

bufones y sus comparsas   salen al encuentro traviesos

alegrando la tarde que  se aleja soñolienta.

 

Usaré en esta ocasión una  hermosa máscara de rocío

y bañaré praderas y siembras esperanzadas.

Mas por la noche con una careta ensombrecida

cabalgaré en los lomos del viento revoltoso

y allí, nos encontraremos tú y yo a la luz de la luna,

embelesados de fiestas con máscaras de olvido,

bailaremos entre risas hasta la madrugada.

 

La primavera ha llegado con su antifaz de flores,

se posa en cada rama y deja  los nuevos brotes.

El bosque usa en sus hojas  una careta de verde,

verde se tiñen los prados, y los ojos de la tarde ausente.

 


lunes, 15 de marzo de 2021

EXTERMINIO


 

Hay gente nueva viviendo en este barrio. Antiguamente casi todos nos conocíamos: buenos días señora Tina, ¿Cómo está don Pepe? ¿Qué dice mi ahijada?, ¡cada día más grande!, y ¿los niños que no los he visto?, ah, están en la escuela, en fin, esas eran las diarias preguntas para iniciar una nutrida charla con los vecinos, pero desde hace un tiempo, hemos ido quedando aislados, la mayoría, por defunciones de mis antiguos vecinos, sin saludos y sin esas amenas reuniones mientras barríamos la calle, pues  a los nuevos inquilinos  sólo los miras muy de vez en cuando, y apenas  levantan una ceja si esperas que te saluden como corresponde.

Recuerdo con nostalgia los años 2000, ¡qué tiempos aquellos! No le dábamos importancia a las noticias,  anuncios de que seríamos invadidos por extraterrestres, que naves no identificadas rondaban nuestro cielo, nada, nos reíamos haciendo chistes. Pero la realidad ha ido cambiando nuestro modo de vivir y de pensar, ahora, todos te miran con desconfianza,  podrías ser uno de ellos y nadie se arriesga a creer de primera vista que tú no eres alguno de esos invasores.

Cuando se supo por el año  2012 que se podían hacer trasplantes de rostro, pensamos que era como un milagro que personas con caras desfiguradas por algún accidente o ataque  animal, pudieran tener la posibilidad de vivir una vida más normal, sin ocultar su rostro deformado, eso sí, fue un gran adelanto. Pero nadie pensó que  ese adelanto de la medicina, sirviera a seres invasores, como recurso para sus fines  de apropiarse lentamente de nuestro planeta.

Ahora cada vez que alguien pasa por mi lado temo mirarlo a los ojos y descubrir que han comenzado a llegar a mi barrio. Un amigo me lo dijo, tienen un defecto en los ojos, por eso usan lentes, pero ¿cómo saberlo? Si ya nadie te mira a los ojos, las miradas se desvían y pasamos temerosos a ser atacados, si perciben que los has descubierto. También dicen que sus dientes son más puntiagudos, pero igual, ¿cómo podría averiguarlo si no te hablan, y menos te sonríen?

Alguien dijo que son caníbales o algo por el estilo, que para apropiarse de los rostros, salen de cacería en las noches y se adueñan  de las víctimas, les sacan los órganos y  hacen implantes en sus cuerpos  que aún no se han adaptado muy bien a la tierra y de vez en cuando, necesitan cambiar alguna de sus partes.

Del barrio sólo queda mi amigo  Carlitos, pero está tan viejo que sus piernas  ya no le permiten  caminar como antes,  así que voy a atreverme a salir con mis noventa años a cuestas y caminaré hasta su puerta. Debo ser cauteloso, no despertar sospechas a la infinidad de mascotas electrónicas que están apostadas en los jardines y puertas de estos nuevos residentes. ¿Quién sabe?, en este año 2060 han introducido nuevos métodos de controlarnos, si son extraterrestres, puede que ya me tengan  dentro de la lista vecinal de exterminio.