domingo, 1 de agosto de 2021

CASA INVADIDA


 

Todo comenzó con una callada invasión, casi imperceptible, silente a todo ojo escudriñador. Fue ganando espacio, hasta que se hizo visible, sin alarma, aún no era una amenaza, no había por qué preocuparse.

Eso se pensó, y continuaron sus tareas casi ignorándolas. Sin embargo, esa lánguida reacción fue la que aprovecharon las invasoras para ir ganando espacios importantes. La cocina y la alacena fue una de las principales conquistas, los ocupantes horrorizados lanzaron los paquetes de galletas y mermeladas directas a la basura y no con eso pudieron expulsarlas, era una columna de hormigas rojas que llegaron para quedarse y continuaron por las paredes de la casa, sobre la mesa y  se apoderaron del baño. Ni el agua ni los spray las ahuyentaron, por el contrario, día a día aumentaba el ejército de invasoras.

Los  habitantes de la casa  buscaron en vano el nido en donde se hallaría la reina para acabarlas de una vez por todas, pero todos sus esfuerzos no las hicieron retroceder, no pudieron encontrar la madriguera. Entonces llamaron a un exterminador de plagas. Ese día la familia se traslado a una posada mientras el aniquilador colocaba su artillería de “antitodo” para eliminar esa molesta plaga. Sí, que el hombre se dio cuenta de que  esa clase de hormigas eran muy diferentes a las otras, éstas mantienen varias reinas y aumentan su ejército, aunque eliminaras a un grupo, igual  los otros nidos continúan la batalla.

Una nube tóxica llenó todos los rincones de la casa e incluso escapó por  los orificios inimaginables, formando una bruma alrededor de la base de la casa que daba la impresión de volar  sobre el césped del jardín.

La familia se ausentó por dos días, según las instrucciones del exterminador, quien les había garantizado la eliminación de la plaga para siempre. Cuando regresaron aún la casa olía  a ese producto penetrante y extraño que  había expulsado a las audaces invasoras. El padre abrió todas las ventanas y así aireó las piezas, percatándose de que la molesta plaga ya no existía.

La madre mudó las camas con sábanas limpias y todo volvió a su ritmo normal por una semana completa. Los niños miraban las paredes y los cielos rasos y preguntaban a sus padres si las hormigas ahora eran invisibles porque  no encontraban nada trepando  los muebles con sus  juguetes.

Poco duro la paz, una noche la mujer despertó de improviso, cuando sintió que algo le caminada en el rostro y sobre sus brazos desnudos, encendió la lámpara alarmada y temerosa pensando que le había dado alergia,  al verse cubierta de hormigas dio un enorme grito, que despertó a su marido  en iguales  circunstancias. El hombre saltó de la cama sacudiéndose el pecho y los brazos, y comprobó con horror que su cama estaba llena de hormigas, se vistieron de prisa y  fueron a la pieza de los niños y la misma escena los hizo temblar, tomando a los dormidos hijos  les sacudieron las hormigas que ahora cubrían los muros, el techo, el piso y todos los muebles. En ese instante la luz se apagó. Salieron de la casa a tientas, con sólo lo puesto, entraron al auto y  huyeron lejos.

Hasta el día de hoy nadie ha podido habitar esa casa que misteriosamente permanece  toda cubierta de hormigas rojas que van y vienen, sin que nada las ahuyente.

 

 

 

jueves, 15 de julio de 2021

AUSENCIA


 Salió, dejó la puerta abierta de par en par,

no se despidió, ni nombró un adiós de despedida.

Nuestros ojos llorosos no lo convencieron ni un ápice,

antes de nacer fuimos y somos los huérfanos,

los  fantasmas inimaginables.

Como un camaleón cambió sus colores

y se desvaneció en el aire.

¿Quién sabe cuándo volverá?

¿Qué figura adoptará para su llegada?

 

El perro que le hacía gracias gime en un rincón

y lamenta su partida, no entiende ese devenir del humano.

Mientras el  frío entra a raudales y penetra los huesos,

hace del hogar una batalla, llena de ausencia.

Nadie se asoma a la ventana que ha llorado sus cristales

despedidos en miles de pedazos.

 

Cuando regrese, pienso, 

vendrá con su mejor sonrisa de arrepentimiento,

aullando como un lobo herido en busca de consuelo.

Quizás no encuentre lo que desea,

la casa tal vez no sea la misma que dejó

derrumbada por su indolencia.

A lo mejor por más que  cambie su figura

ni las arañas lo reconocerán,

y hasta otro can le morderá la sombra.

Si no ha  sentido el tiempo,

ya no podrá ni mirarse en el espejo.

 

Así es la vida, dijo mi madre,

y nos dio de comer promesas por días,

en otras, dibujamos el pan de colores infinitos

cuando  el vientre cantaban su agonía.

Ahora alguien toca el arpa en el desván del sueño roto,

ya no lo necesitamos, podrá seguir vagando el planeta.

No hay recuerdos alentadores,

su imagen se desvaneció en el olvido.

Somos solo el producto de un descuido, lo indeseado,

y seguiremos  el camino sin su presencia nefasta.

 

Su nombre ha sido  ausencia,

y seguirá ausente por el resto del destino.

jueves, 1 de julio de 2021


 

EXTRAVAGANTEMENTE RARO

El hombre raro se levantó esa mañana tratando de pensar en aquel espectacular sueño que había sostenido en su almohada por breves segundos, para que, por un repentino bostezo, se le hubiera escurrido al rincón de los sueños perdidos. Durante quién sabe cuánto tiempo estuvo quebrándose la sesera en su afán  de recordar, pero fue imposible, y totalmente defraudado, soltó el pequeño hilo que había quedado pendiendo de su cabeza, ése que lo unía a su inconsciente. Varias veces se repitió que sabía que era un lindo sueño,  algo que paladeaba en su mente sin saber el inicio y menos por dónde terminaba, que desgracia,   se dijo, mientras desconcertado se anudó los cordones amarillos de sus zapatos azules.

El teléfono sonó tres veces, hasta que se hizo el ánimo de levantar el auricular y con voz desganada atendió con un moribundo ¿bueno? ¡Bueno! ¿Hijo, estás bien? Oh, mamá, me estoy levantando, perdona, ¿se te ofrece algo? Sí, sólo recordarte que esta tarde vendrás a tomar el té conmigo, no  olvides de traer algo dulce, ¿Sí? Claro que sí, no lo olvidaré, hasta la tarde mamá, cuídate. Un beso hijo.

Una mueca le cubrió el rostro, era tan tedioso ir a tomar té con su madre y escuchar impávido las últimas telenovelas que  ella le contaba con lujo de detalles, hasta que el reloj marcaba las siete  y él se escabullía con alguna excusa. No olvides venir la próxima semana hijo, para contarte como va el desenlace de esta interesante novela, repetía la señora entusiasmada, mientras el hijo ponía cara de cansado.

El hombre raro, se asomó por la ventana y contempló lo inusual  del clima, estaba en pleno verano y arriba se veía todo cubierto por negras y amenazantes nubes. ¿Quién entiende  el clima en estos días?, se preguntó, los cambios climáticos tienen  convulsionado el pronóstico, ahora no se puede anunciar nada por adelantado, y la oficina meteorológica me da un informe y en  el momento en que lo estoy anunciando por la radio, la cosa cambia, eso me enfada mucho, por allí he escuchado comentarios sobre mi persona que no me agradaron, unos dicen que soy muy peculiar y otros que soy un despistado, y algunos osan decir que soy un extravagante, mas yo pienso que los incongruentes son ellos. Si tan sólo pudiera recordar ese maravilloso sueño, creo que por primera vez me verían sonreír, pero curiosamente nunca puedo  recordar pese a los  tremendos esfuerzos, sólo queda el sabor de algo bonito deambulando los intrincados circuitos de mi cerebro. Y el hombre raro abrochó su chaqueta verde, tomó su sombrero y salió cerrando la puerta lo más suave posible, no querría que la extravagante mujer del lado, su vecina, se asomara a saludarlo, mirándolo de arriba a abajo con esa voz irónica que últimamente usaba a consecuencia de errar el clima. Qué fastidio, se dijo, y se alejó caminado a grandes zancadas  hasta el paradero del bus. Allí estaban esperando locomoción varios de sus vecinos a los que evitaba mirar. Todos ellos poseían una mueca irónica en sus rostros y lo observaban como quien mira un insecto. Por ese motivo trataba de disimular que los había reconocido, ¿para qué?  No iba a malgastar un saludo con gente así, por lo que cuando el bus arribó los dejó subir y se quedó abajo a esperar el próximo transporte. Tomó su libreta de apuntes y  con su bolígrafo Parker, escribió algo, una idea para  el programa de radio.

Antes de que llegaran más vecinos, arribó el siguiente bus y de un ligero y grácil salto se encaramó. Los pasajeros lo vieron subir y algunos hicieron una mueca divertida al verlo vestido con colores tan chillones, pero él como si no los viera, eso era una rutina, siempre lo miraban para bien o para mal, por eso no se inmutó, ya estaba acostumbrado. La gente es tan rara, se fija  en cómo vistes y no se miran cómo van vestidos ellos mismos. Ese señor con cara de dormilón se puso un par de calcetines de diferentes colores, y ese otro tiene una boina para cubrirse el cabello sin peinar, ah, y aquella joven no se acicaló en casa y allí va toda compungida encrespándose las pestañas y pintándose los labios. Y no quiso mirar más al joven universitario que  trataba de anudarse la corbata, pues le daban ganas de reír. Ah, y ese niño de no más de dos años que se había pegado un chicle en la nariz, eso si que era muy gracioso y su madre lo había  mirado a él como pájaro raro. Este mundo está de cabeza, se dijo, mientras se acomodaba en un asiento libre.

El hombre raro llegó a su oficina en la radio y  saludó a todos con un “buenos días América”, que por supuesto  nadie le contestó, pensaban que andaba mal de la cabeza y que muy pronto el jefe lo despediría, pero él no se inmutó y se fue a trabajar en lo que sería el noticiero del tiempo para ese día, en el que la vaguada costera no dejaba ver más allá de unos tres metros a la distancia. Seguro  que cuando anuncie que hay niebla densa y húmeda, de improviso sale el sol y arruina mi pronóstico, se dijo con resignación.

Continuó  su trabajo concentrado en lo que diría si algo no encajaba con el clima y su pronóstico. Pensó en buscar una nueva estrategia, sino podría perder el empleo. Pero todos adivinaban que el encargado de la oficina meteorológica era el responsable  del pronostico diario, ese señor que cada  atardecer le anunciaba como iría a estar el día siguiente, no le achuntaba a ninguna y nadie decía nada, sólo a él lo culpaban por su mala información.  Debo estar vigilante de que el clima no cambie y a mí me reclame el público por el  informe errado. Claro que, no todo era equivocado, la gente exageraba, y en especial sus compañeros de trabajo que le subían el chisme al jefe. Un mal pronóstico de vez en cuando no le quitaría el sueño a nadie. Lo malo era que ya lo tenían tildado de raro.  Este mundo está al revés, los que realmente son raros son ellos que siguen las reglas como si fueran clones, su vestimenta, su forma de hablar, todo limitado, las computadoras dueñas absolutas de la verdad. La libertad es sólo una palabra que yace en los diccionarios pero en la vida real, no existe. Si levantas la voz en el metro, todos te miran sorprendidos y asustados. El policía, el vigilante y los soplones camuflados de comunes, están a la expectativa para darte un sermón lo más persuasivo posible o llevarte directo a la comisaría si consideran que te pasaste de la raya. No puedes olvidar  las reglas  sin ser tildado de extravagante para los del dinero y para los de clase como la mía, raros.

Y siguió escribiendo su pronóstico, serían dos clases de informes: el que le dio esa noche el señor de la oficina meteorológica y otro que confeccionaba él, usando verbos en forma condicional, una sonrisa por fin apareció en su rostro, mientras más allá, sus compañeros comentaban que por primera vez lo veían sonreír. Realmente es un hombre muy, pero muy raro.

 

 


martes, 15 de junio de 2021

EL RINCÓN DEL ÚLTIMO BESO

 




Sólo a través de tu recuerdo pasan las horas mustias.

 Vienen  murmullos desde lo profundo  del silencio,

invaden el cuarto

y busca desencantar la espera.

 Envuelta en la sábana del tiempo,

ilusionada en vano, detengo los relojes

en un momento que  no existe.

Acurrucada bajo el alero del ensueño

 te contemplo en una lejanía cercana,

 como si los cristales reflejaran tu silueta tan deseada,

las paredes me devuelven el eco de tu voz

y tintinean nostálgicas en mi oído.

Blanca libélula se ha posado en una lágrima,

 bebe su tristeza, mi soledad inaudita,

ha hecho su nido en mis pupilas esperanzadas.

Mis mejillas salobres se marchitan día con día,

 pronto seré  una estatua de silencio

petrificada en el  lugar más melancólico,

aquel del adiós, el rincón del último beso.


martes, 1 de junio de 2021

CUANDO AMANEZCA


 

“Regresa cuando amanezca”, me dijo y suavemente me empujó fuera de su casa. Me sentí muy confundida, le había  rogado que me dejara quedar  por esa noche, pero apenas cayó el crepúsculo y se encendió el cielo de arreboles púrpura y naranja, él simplemente, me pidió que me fuera.

¿Qué le pasa a este pájaro nocturno?, me pregunté con curiosidad. Lo había conocido sólo dos semanas atrás, se veía un buen hombre, muy apuesto y gentil, eso fue lo que me cautivó, salimos varias veces, conversamos de todo, bueno, casi de todo, me llamó la atención que evitara la luz del sol, usaba todo el tiempo unas gafas oscuras y se refugiaba en la sombra. La mayoría de las veces fuimos al cine, y me dio la impresión que lo disfrutaba. Rara vez consumía alimentos, normalmente caminábamos cerca del  atardecer, y sólo bebía un líquido rojizo que llevaba en una botella oscura. ¿Cómo sabía que el líquido era rojizo? Pues que cuando lo bebía,  en sus labios quedaban unas gotitas de ese color y él, presuroso los limpiaba con su blanco pañuelo.

En una ocasión quise probar aquello, pero me respondió que era como una medicina que debía beber y que sabía muy mal.

Me agradaba lo amable que era, me ofrecía chocolates en el cine o palomitas de maíz, pero él se excusaba de estar en un tratamiento y no podía comer cualquier producto elaborado, entonces insinué que debería ser de aquellas personas que  son vegetarianas, o naturistas y asintió que algo como eso.

La semana pasada nos besamos en el cine, fue maravilloso, un hombre ardiente  y apasionado que me hizo pensar en un buen romance. Me pidió que le llamara Al, su nombre era muy largo, algo así como Alucard y  accedí con mucho amor.

Nos despedíamos cerca de mi departamento, sin embargo siempre tenía una excusa para no entrar, obviamente era una persona muy ocupada y no insistí. Nuestra relación era muy reciente y no quise ser aprovechada, aunque lo deseaba con pasión. Me cohibía su manera de tratarme con demasiado respeto, casi no me abrazaba, sólo cuando me besó, pude entrever su temperamento  ardiente, pero pronto se controló. Yo estaba fascinada con él. Una tarde le hablé de mis amigas y parientes, me pidió que no les hablara de él, por el momento, que sería un secreto entre los dos hasta que fuera más formal. Esa idea me subyugó, amaba todo lo envuelto en misterio, un secreto, era algo fascinante. Y  estuve de acuerdo.

No le gustaba sacarse fotos, nunca admitió tomarnos una juntos. Cierta tarde por primera vez me invitó a su casa. Yo estaba muy emocionada, eso podría ser un buen indicio para que  consumáramos nuestra unión. Había estado fantaseando por varias noches cómo sería hacer el amor con él, poder tocar su cuerpo tan varonil,  besarlo con pasión y entregarme a él en cuerpo y alma. Incluso pensaba después de eso podría  invitarme a vivir  en su casa. Tengo  veinticinco años y todas mis amigas dicen que me quedaré para vestir santos, cosa que me disgustaba mucho. Entonces ahora,  la situación es distinta, ya tengo un amor y  se notaba que él también me amaba, claro a  su modo, un poco introvertido y muy controlado en sus sentimientos. Al, cada tarde me esperaba a la salida de la tienda, caminábamos por la alameda parsimoniosamente, dejando que  las horas cayeran sin inmutarnos hasta que él comenzaba a mirar el reloj y repentinamente quería regresar.  La  segunda vez que me llevó a su casa, fue por un breve tiempo, enseguida me invitó a salir por  cigarrillos y  de allí me  fue a dejar a mi departamento.  Me defraudó, yo esperaba otra cosa. Debo tener calma me dije, no tengo que ser tan impaciente, a los hombres les gusta ser ellos los que den los primeros pasos.

Yo pensaba que uno de estos días él me invitaría a quedarme en su hogar, tal vez como su pareja, en fin, soñaba con esa idea, tengo una pasión secreta que cada día me quema el pecho, sin embargo, no me atrevo a pedírselo, es una mezcla de  temor y vergüenza. ¿Cómo le puedo confesar algo si él es tan diferente a todos los hombres que conozco? Por un lado me cohíbe, no me da confianza, y aunque  llevamos sólo dos semanas  como novios, hay cosas que  me sorprenden, como ese día en el cine cuando me besó sentí que algo me pinchó el labio y cuando llegué a casa tenía una pequeña herida. Se lo dije al otro día y pareció muy preocupado, y me pidió disculpas que al final me sentí confundida.

Ayer  fuimos a su casa y  mientras me quedé en la sala por un momento, como soy un poco curiosa, estuve recorriendo las piezas adyacentes y  en una que estaba su escritorio, todo  muy oscuro con gruesos cortinajes, entonces prendí la luz y me pareció que el mobiliario y  el aspecto de ese cuarto eran de otro siglo, muy antiguo, pensé.  Cuando sentí sus pasos apagué la luz y cerré la puerta, pronto me apuré en sentarme en el sofá. Me miró con atención y me preguntó por qué estaba tan agitada. Ah, le contesté, no es nada, estaba pensado que debo ir de compras. Te acompaño, dijo, y salimos de su casa.

Cuando me dejó en la noche cerca de  la puerta de mi departamento, me dio varios besos muy apasionados, en un instante en que abrí los ojos vi sus colmillos muy puntiagudos y eso me espantó, se lo dije y me mostró después sus dientes que parecían normales. Creo que el amor me está volviendo loca y tengo alucinaciones, qué vergüenza. Se rió mucho y me preguntó si creía que era algo así como un chupa sangre. Tuve que  sonreír  y disculparme. Bueno, me  contestó, como eres muy curiosa, mañana te invitaré a paladear un desayuno de películas en mi hogar, jaja, tú serás mi hermosa invitada, ya verás que tendré una interesante sorpresa para ti, pues soy un experto en preparar un plato gourmet que nunca olvidarás. Oye, me intrigas, reproché, y no acostumbro a comer mucho en el desayuno, ah, y  no es curiosidad, sino que eres mi novio y por supuesto  quiero saber más de ti, dije en un tono de queja. Jaja, rió de nuevo ya verás, mi amada, serás la reina de mi mesa.

Bueno, hasta mañana mi amor, relájate para  saborearte mejor, exclamó con una inusitada  alegría. Me abrazó y deseé con fervor que  tal vez, era un tácito  anuncio de que mañana, por fin,  haremos el amor, dando  rienda suelta así, a esta secreta pasión que nos devora...

 

 

 

 

 

 

sábado, 15 de mayo de 2021

AMADEUS

 

Amadeus yace recostado en la playa

su cuerpo oxidado es lamido por la ola

una y otra vez.

Por entre las vertebras de su esqueleto roído

anidan cientos de pasajeros obligados,

jaivas y ostiones se cobijan y le piden protección.

 

Oh Amadeus, ¿cómo llegaste allí?

¿Qué ola tan grande levantó tu armadura

de fierro y  madera y te encalló en la arena?

¿El litoral de los poetas te sedujo en busca  de paz,

 y te dejaste ir con tus dolencias a cuestas  

cuando la marea  empujó tu frágil estructura?

 

¿Cómo perdiste la dignidad,

el orgullo que tenías al navegar las costas?

Arreciando tempestades, no le temías a nada.

Inflabas velas, tronaban tus mástiles,

y la quilla de acero se alzaba como una columna vertebral

con sus cuadernas.

Elevabas ancla, y un enjambre bullicioso de gaviotas

te acompañaba hasta el horizonte,

abriendo un camino de noctilucas proa al destino,

te alejabas ululando un ronco silbido.

 

Amadeus, viejo barco ballenero, te venció la codicia,

el afán de perseguir la victoria.

Ahora  los dedos de sal  penetran tus heridas,

muerden tu esqueleto quejumbroso

y te roe el viento desde la popa a la proa,

en busca del timón y enfilar rumbo.

Los cangrejos moradores te circundan

en el  silente deambular de las sombras,

pequeños fantasmas peregrinos

alzan sus tenebrosas  pinzas,

hambrientos de historias de lejanos viajes

en ultramar.

 

Viejo barco,  huérfano de todo,

sin tierra ni futuro, sin capitán,

abandonado por el tiempo en luna llena,

perdidos soles y caducos eclipses.

Tienes una plegaria  en tus labios fracturados

cuando te mece el vaivén de las mareas.

 

Amadeus,  anciano moribundo,

cada golpe del mar que infructuoso

amenaza con ímpetu mortal tu estadía,

estremece  los cimentos de tu carcasa.

Tus acerinos pies desollados se hunden cada vez más en el olvido.

Eres sólo un náufrago con un errático pasado,

un armazón  de fierros carcomidos por el mar,

 sosteniendo en el aire el arpón tras una imaginaria caza.

 

Amadeus, deja de soñar, eres una triste fotografía  en sepia

lamida por las olas, acunada en brazos de sal.

Tus huesos reclaman el descanso,

un sitio  donde  reposar  tanto rugido  de mareas.

Cada instante es más doloroso, los pernos que te mantenían

altivo caen en la  sedienta arena.

Todo en ti es un quejido lastimero

que retumba en  la noche tranquila,

cuando las olas ronronean sumisas y los cardúmenes

asoman sus cabezas para contemplar la luna.

 

Amadeus, te adormeces poco a poco

con el recuerdo de una música celestial,

mientras lentamente tu estructura

va quedando  esparcida  sobre la playa

con el estoicismo de un beso marino.

 

 


sábado, 1 de mayo de 2021

DE CITA PARA EL TÉ


 

Se mira al espejo, pero no se halla. Se inclina, luego se sube a una silla, busca su figura por la pieza. No importa, se baja y se pone los zapatos. El espejo ahora la refleja y contenta se abraza, acaricia su rostro, arregla sus cabellos. Luego se acerca más y besa su imagen dejando un rastro de rímel. Se sorprende y  besa varias veces al espejo,  entretenida en un collar de besos. Alguien dijo que era bella como una figurita de porcelana o de magazín. Está orgullosa, mientras repasa el labial de sus labios, admira el carmín de su boca, rojo como una cereza. Repasa el colorete de sus mejillas, al tiempo que piensa, a dónde irá a tomar el té con sus amigas. Observa sus aretes hermosos, pero un poco pesados por tanta pedrería, ah, y el collar que su abuela le ha prestado. Se fija en sus párpados ensombrecidos por el pincel de color azul intenso.

Todo se ve bien, le agrada. Su maquillaje es perfecto, ha gastado mucho tiempo en él, desea ser la más hermosa del grupo. Está contenta con el resultado, y da una gran sonrisa a su figura en el espejo.

Ahora se preocupa del vestido, le queda un poco suelto y largo, con delicadeza lo levanta para dar unos pasos con los tacones altos y mirarse de más lejos. De pronto  da un traspié y está a punto de caer al piso.

Los zapatos de mamá son muy grandes para ella, piensa y un poco desilusionada, se aleja taconeando hacia su dormitorio a tomar el té con sus muñecas.