martes, 1 de septiembre de 2026

NIEBLA


 Taciturna cual noche  eterna

deambula a tientas la niebla.

Todos le temen.

Nadie la entiende.

Presagio siniestro, espectro de algo.

 

Sus imaginados labios besan  hojas marchitas de luna,

deja  humedad de su boca.

Camina en puntillas, alma en vagancia.

Vestida de vaporoso halo sube los cerros,

baja escaleras,

todo adormece  su manto.

 

Como madre silente,

cubre el puerto, sus ruidosas fiestas,

afiladas riñas, adormecidos duendes.

Grillos borrachos de alcohol,

pestilentes de orina,

yacen sumidos, en oscuro laberinto.

 

La niebla, centinela del mar,

arrulla con  cántico ausente.

Ella deja al roce sombras de su traje

enredado en  sueños y pesadillas.

 

Es una dama callada, su tacita voz canta nostalgias,

a su presencia  las puertas se cierran

y se corren las cortinas del puerto.

Solitaria en su vagar se derrama sobre la ciudad

desapareciéndola del atlas.

Sólo, el faro Punta Ángel

la contempla con su único, flamígero ojo,

presuroso  y galante,

anuncia su sutil  llegada.

 

 

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