domingo, 1 de noviembre de 2026

CAUTIVA


 

El precipicio abrió su oscura boca

para engullirla como a un insecto.

Ella, ciega en rocío cayó de una hoja

recién cortada del árbol.

Quién pensaría que tan pronto y tan profundo

se enamoraría del viento esquivo.

Éste, zalamero, al pasar junto a ella

deshojó una  blanca rosa.

Mas él, que todo arrasa, se llevó entre sus pálidas manos

algo que no le pertenecía,

un corazón de ámbar.

 

¿Dónde estarás ahora, libélula encantada,

yacerás radiante en los brazos de tu amado?

¿O seguirás cayendo en  libre albedrío

hasta encontrar la raíz

hechicera de tu tormento?

 

¿Seguirás esperando que pase de nuevo

el huidizo Mistral que te cautivó

con lisonjas fugaces rozando tu débil corazón?

Ahora has quedado a merced de los elementos,

sin la crisálida que te sostenía,

sin la protección del árbol

que cantó la canción de cuna

cuando dormías en sus recios brazos.

 

Libélula encantada, enfila tu vuelo,

el tiempo es inexorable  y no tendrás más

que  esta única oportunidad.

Mantente libre y lejos del cautiverio

que el Euro lisonjero dejó al robarte  el corazón.

No te detengas.

En donde te halles, ve y encuentra a  los tuyos

danzando sobre  el cristal del río,

el breve período de tu existencia.