miércoles, 1 de abril de 2015

ME HE PERDIDO


Me he perdido y me busco en los espejos rotos,
bajo los sauces salpicando llanto
junto al cristal del río,
tras una nube pasajera, dice adiós al  crepúsculo
en  tarde de invierno.

No he cesado de buscarme en los más inverosímiles rincones,
junto al umbral del tiempo que llora
una tupida llovizna de ausencia.
Me he perdido irremediablemente
cuando la sombra de un pensamiento
me ha  cubierto con su ala.
Cuando pronunciaron la cruel palabra, enmudeció mi risa,
oscureció mi sino y dio lugar a mi fuga.
Me he perdido cuando el niño de mi pecho dejó de respirar
y se alejó con sus alas celestes entre los arreboles,
dejando un camino vacío, sin final.

Me llamo y no contesto,
el viento silencia mi susurro y lo convierte en tormenta,
mientras el otoño  cubre con sus hojas muertas,
el cuerpo que no me pertenece.

Lo sé, me he perdido en su búsqueda
entre la bruma maliciosa de una condena
a vivir sin él,  sin  la dulce voz de mi niño
recorriendo ya, otros senderos desconocidos.

Ahora la noche cae  con pisadas silentes,
envuelve  mi sombra, acaricia mi llanto
y de verdad, no quiero encontrarme,
aunque mi voz salga lastimera,  suplicante,
y me ofrezca miles de explicaciones imaginarias,
un refugio en el olvido, un cántaro  colmado de paciencia.

Siento perdido mi rastro
no hay huellas, sino un insondable y negro laberinto
abismal sitio, habitación de la congoja,
solo me  consuela con brazos de duelo
y seca mis lágrimas sin ruido,

acallando mi  fallida búsqueda.

domingo, 15 de marzo de 2015

ERRANTE



Venía no sé de dónde con los pies desnudos pisando las amapolas. No dijo nada, de sus ojos brotaba un ramillete de soledad que daba pena. Soledad inaudita,  abarcó todo a su alrededor y me envolvió en su fría caricia. Le  hablé con dulzura, quería curar sus heridas.  Al comienzo me rechazó aterido de miedo,  el temor estaba por toda su piel que agonizaba sin caricias. Más allá del rastro impreciso de sus pasos, no había nada que insinuara  su pasado. Su presente era desastroso,  cual una lámpara a punto de extinguirse, limitado a abrir sus míseras alas a un vacío exorbitante.
Le hablé con palabras  brotadas de una  vertiente de transparencia sutil, pero no escuchó, el dolor abarcaba su cuerpo y su futuro como una sombra avanzando más allá del entendimiento y cubrió  sueños, utopía, sonrisas que se quedaron danzando el un espacio fuera de todo alcance. Quedó así, sumido en un mudo ruego, con los ojos fijos en un punto inexistente sin poder continuar su errante camino hacia cualquier precipicio.
Alce los brazos al infinito, buscaba una alternativa menos dolorosa, la palabra precisa, la ternura que  caía copiosamente de mis ojos. Cuando no pudo más, clavó su mirada en el infinito eterno, sin comprender que ya se vislumbraba su tenue destino, la partida de una mísera vida,  a un  viaje inexorable.



domingo, 1 de marzo de 2015

AMANECES



Amaneces desnudo junto a mí,
cuando aun el calor nos envuelve tibio
y desechamos salir del embeleso.
Acurrucados, el uno en el otro,
sentimos el amor recorrer la modorra matutina
entre sábanas de algodón.

Enredados  y atados nos amamos,
dejamos pasar las horas adormecidas
con el susurro de nuestros besos.
Callados estamos en el umbral del día,
transmitiendo amor
con nuestras miradas satisfechas
y sentimientos abiertos al placer.

Amaneces húmedo de besos,
de caricias que caen en torbellino sobre
tu amado cuerpo.
Envueltos en la magia del momento,
somos el silencio del cuarto en concordancia
con dulces palabras adherida al espacio,
una continuación de la materia
saturada de felicidad.

Y amaneces una y otra vez entre mis brazos,
te aprisionan  las redes del amor
sin que protestes, dejas deslizarse el mundo
sobre la ventana cerrando los ojos
a cualquier interrupción o irreverencia.

El día pasa con su lengüeta dorada
haciendo cosquilleos al silencio.
Y despiertas del letargo exquisito que nos rodea.

Ya es medio día, tiempo de separar nuestros
cuerpos, vestirnos y ser dos personas otra vez,
amándonos más allá del mundanal ruido.






domingo, 15 de febrero de 2015

TRAS DE MÍ



De pronto apareció de la nada, un escalofrío recorrió mi espalda. Me volví hacia la luz, ella se escondió tras de mí como si temiera que alguien la atacara.
No puedo describirla, no tenía rostro, parecía una silueta afirmada en la pared siguiendo mis pasos sin alejarse. Quise dejarla atrás y corrí calle abajo, despavorida, sin volverme, pero sabía que me seguía con igual desesperación, sin hacer ruido, sin pedir ayuda. Yo en cambio,  sudaba frío, jadeaba por el esfuerzo en la carrera  y el pánico.
Por fin llegué a casa, entré de sopetón y cerré la puerta con ansiedad tratando de dejarla afuera, sin embargo, igual entró. Por un instante la perdí de vista y suspiré de alivio. Se ha ido, me dije, mas, al pasar frente al espejo, la descubrí pegada al piso. Di un salto de terror.
Quedé paralizada cuando ella se acercó a mi oído y me  confesó con voz suave  que era mi sombra.


Apagué la luz y la sentí  deslizarse sigilosamente entre las sábanas.

lunes, 2 de febrero de 2015

ÁNIMA SOBRE EL ASFALTO




Cerrar la boca hasta sangrar sin ruido,
beber el sorbo amargo de la noche.
La ciudad parece dormir entre sobresaltos
de inaudita vigilia y espasmos de pesadillas.
Sin omitir un chillido se tapa las fauces
con las pálidas manos del alba.

El ruido quiere salir de su escondite,
encerrado en siniestra oquedad de silencio
no tiene alternativa; debe callar,
detener las palabras,
ellas se desplazan por el aire en completa desnudez
empujadas de brisa.

Las sombras se mezclan en danza callejera,
se deslizan furtivas  a través de las paredes.
No hay suspiros ni susurros que despierten a las bestias,
solo dejan  un amargo sabor a desconsuelo.

Nadie escucha mis acongojados pasos,
se apegan a un imposible y parecen volar por la desierta acera.
La sangre es una mancha oscura indicando fatalidad
pero yo no la siento, soy  polvo de estrella
volviendo una y otra vez al desenlace.
La noche avanza, me tiende su  manto y oculta
con delicadeza una tragedia.
Mas,  me dejo llevar en un nuevo camino,
rodeada de soledad busco incansablemente los trazos del ruido.
Aquél,  se ha ocultado en mi boca, féretro de una vida,
si no lo alcanzó tendré  que pensar, no existo
y quedaré trasnochada en el umbral del silencio
como un pequeño barco naufragado
en las turbulentas aguas  del destino.

¡No, basta!,  grito, hago alboroto, deshojo las tinieblas
y destruyo los nidos de la muerte,
me ovillo en el rincón del sueño.
Lo espero.
No viene.
Me abandona borrando mis huellas,
nada sucede,
el ruido es un animal ajeno,
se ha llevado mi voz y enmudezco.



miércoles, 21 de enero de 2015

EL RÍO


El río avanza con un lodazal de malos augurios. Recoge a su paso todo lo que le estorba en su camino. Su lengua húmeda se apropia de las orillas, las lame hasta quitarles las impurezas. Todo es un caos, el río, antes sediento, ha tragado demasiada agua y ahora la escupe a torrentes, un caudal que da miedo, oscurecido por la rapidez que lleva. Sus dientes de espuma muerden la rivera y la ensanchan hasta alcanzar las primeras casas. Las invade con curiosidad, entra sin pedir permiso y recorre los cuartos a su  entero antojo sin medir consecuencias.
El río no piensa, no tiene conciencia, es sólo un elemento. Los animales, se agitan en sus corrales, el viejo no sabe qué hacer y abre todos los postigos y alambradas en un afán por salvar sus vidas. Los cerdos han sido alcanzados y una  lengua de agua los arrastra hacia el torrente,  chillan de espanto, mientras luchan sin poder desasirse de esos potentes brazos de agua.
 Una bocanada arrastra al viejo que se aferra a un árbol, se amarra con desesperación al tronco usando una cuerda, el río se engrifa, lo quiere para su juego, le  coge las piernas y lo tira como a un muñeco, la cuerda lo mantiene tirante, pareciera que su cintura va a ceder dividiéndolo en dos partes. Una vaca pasa por su lado mugiendo de terror, le mira con sus ojos espantados, pero ya no puede resistir esa locura que la arrastra hasta engullirla entre lodo y  aguas turbulentas. La ve desaparecer en la corriente. En unas ramas más arriba ve unos bultos que se aferran con patas y uñas al ramaje atormentado. Son  sus pollos, unas gallinas y un gallo se tambalean apegados a las ramas.
El anciano ve con desesperación cómo el río se lleva su vivienda, sus enseres, todo lo que formó parte de su vida, se va río abajo desbaratado por las circunstancias. El viejo ha trepado a unas ramas usando sus últimas fuerzas. Se queda allí encaramado, con una mueca de dolor en su rostro, mirando la voracidad del río que era su amigo hasta hace poco, siempre se jactó que había hecho un pacto de no agresión, sin embargo, ahora ve que no se puede  confiar en un amigo que no tiene sentimientos y que le nace un voraz apetito de destrucción abarcando todo a su paso. Ya no es su amigo, piensa, lo mira con tristeza desde lo alto, ve como se engrifa, haciendo un remolino más abajo. El hombre teme que el árbol ceda  y se lo lleve junto a  sus animales y  casa, más allá de lo irrecuperable  que es su propia vida.
El río ha corrido desenfrenado todo el día, pero al atardecer ha comenzado a retirarse paulatinamente. Fue sólo una advertencia, pareciera decirle, “no te acerques a mí, no tomes confianza, soy indomable”. - Sí, claro, refunfuña el viejo,  si no te necesitara me habría ido lejos de ti, mal amigo, mira como me has dejado,  me has  robado todo y ¿ahora qué hago?, solloza, ya no hay tiempo para comenzar de nuevo, mejor me llevas también.

El hombre se desata y con  lágrimas en sus ojos, sin pensarlo más, se deja caer en las sedientas aguas que lo engullen.

jueves, 1 de enero de 2015

VIVO EN EL BOSQUE DE UN SUEÑO


Vivo en el bosque de un sueño,
un sueño púrpura que no tiene fin,
se desliza por mi almohada y no cesa
de invadir mi entorno, asumiendo que
es el dueño de mi mundo.

Sus hilos se adhieren a mi ser y me llevan  al interior
de su ramaje, me confunde entre nidos de nostalgias,
cristales invadidos de silencio.
Trato de llamar tu nombre, pero lo he olvidado
en caminos de interminables ausencias.
A veces me deslizo como una gota de agua
y me convierto en lluvia.

El bosque acapara todo mi ensueño,
teje historias alrededor de mi cuerpo,
me viste de mariposa, susurra a mi oído
y me lleva entre sus  verdes brazos
a mirar el ramaje desde lo alto.
A veces pienso que soy parte especial
de este laberinto de hojas, tallos y ramas,
es difícil asomarse a la ventana y descubrir
vagando a mis soledades, entre colores
grises y velos púrpuras.

Mi voz se escapa, me ha dejado desvelada
rogando por su vuelta.
Es una mala persona, no escucha
se escurre de árbol en árbol hasta que de pronto
pasa y me besa, dejando en mis labios el sabor del olvido.

Este bosque se esconde bajo mi almohada,
está enraizado a mi noche cuando
cierro los párpados abatidos de oscuridad.
Alguien llama entre la espesura,
pronuncia  con vehemencia mi  nombre
y queda  como  eco en mi memoria,
luego se va,
me empuja con su cola florida por los recónditos
secretos del bosque,
hasta perderse en  algún  recoveco del sueño.